En una emotiva jornada de fe y devoción mariana, la comunidad jujeña residente en Buenos Aires se congregó en la Basílica de Nuestra Señora de Luján para honrar a su Madre y Patrona, Nuestra Señora del Rosario de Río Blanco y Paypaya. La celebración eucarística fue presidida por el Obispo de Jujuy, monseñor César Daniel Fernández.
En el marco del mes dedicado a la Virgen del Rosario de Río Blanco y Paypaya, la fe del pueblo jujeño se hizo presente en uno de los santuarios marianos más importantes de la Argentina. Numerosas familias, peregrinos y devotos se acercaron para compartir un encuentro de oración, fraternidad y profunda devoción a la Patrona de Jujuy.
La jornada comenzó con la llegada de los fieles, quienes acompañaron la imagen de la Virgen en una procesión hacia la Basílica. El sonido de los sikuris, la presencia de agrupaciones gauchas y las expresiones de fe de los peregrinos dieron un marco especial a este encuentro, en el que las tradiciones jujeñas se hicieron presentes a los pies de Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Argentina.
Durante su homilía, el Obispo de Jujuy recordó especialmente a quienes, por distintas circunstancias, viven lejos de su tierra natal y de sus seres queridos, pero conservan profundamente arraigados el amor por sus raíces y la devoción a la Virgen de Río Blanco y Paypaya.
Asimismo, ante las divisiones y los conflictos que atraviesan a la sociedad, invitó a fortalecer los vínculos de fraternidad, trabajar unidos y comprometerse en la construcción de una comunidad más solidaria y en paz.
Un encuentro de fe que trasciende las distancias
La celebración tuvo un significado especial para los jujeños que residen en Buenos Aires y sus alrededores, quienes pudieron reencontrarse con una de las expresiones más profundas de la identidad religiosa de su provincia.
La presencia de la Virgen de Río Blanco y Paypaya en Luján permitió compartir la devoción que cada octubre convoca a miles de peregrinos en el santuario de Río Blanco, en Jujuy. Esta vez, quienes se encuentran lejos de su tierra pudieron vivir esa cercanía espiritual, reunidos en torno a la Eucaristía y bajo la protección maternal de la Virgen.





























