A pesar del frío y la lluvia, jóvenes de toda la provincia llegaron hasta el Santuario de Nuestra Señora del Rosario, de Río Blanco y Paypaya para participar de la última peregrinación de octubre. La misa central fue presidida por monseñor César Daniel Fernández, Obispo de Jujuy, quien los alentó a descubrir el valor de sus vidas y a comprometerse con la construcción de un mundo mejor.
El domingo 25 de octubre, miles de jóvenes protagonizaron una multitudinaria peregrinación al Santuario de Río Blanco, en una jornada que marcó el cierre de las tradicionales peregrinaciones dominicales del mes dedicadas a la Madre y Patrona de Jujuy.
Desde distintas localidades de la provincia, grupos juveniles, comunidades parroquiales, movimientos e instituciones emprendieron el camino hacia el Santuario. Muchos comenzaron a peregrinar días antes y recorrieron largas distancias para llegar al encuentro con la Virgen. Ni las bajas temperaturas ni la persistente lluvia lograron detener esta profunda manifestación de fe, acompañada por cantos, oraciones y expresiones de alegría.
La celebración estuvo precedida por la Vigilia Juvenil del sábado, que reunió a peregrinos en espacios de oración, reflexión y encuentro fraterno. Durante esa jornada, cerca de 200 jóvenes recibieron el sacramento de la Confirmación.
El momento central del domingo fue la celebración de la Santa Misa, presidida por el Obispo de Jujuy, quien dedicó su homilía especialmente a los jóvenes, invitándolos a contemplar el Inmaculado Corazón de María como modelo de amor, entrega y servicio.
“En el corazón de María estamos cobijados todos”, expresó monseñor Fernández, al recordar que la Virgen, como Madre, acompaña el camino de sus hijos y los guía para crecer en el amor de Dios. En uno de los momentos más profundos de su mensaje, reflexionó sobre la dignidad y el valor de cada persona, recordando que ninguna circunstancia puede disminuir la importancia de una vida humana.
“Estamos vivos porque Dios nos ama”, afirmó, y destacó que cada vida es un regalo del amor de Dios, independientemente de las dificultades, las enfermedades o las situaciones de sufrimiento que puedan atravesarse. Dirigiéndose especialmente a las nuevas generaciones, expresó su deseo de ver a los jóvenes desarrollar plenamente sus capacidades y descubrir todo el bien que pueden realizar.
“Queridos jóvenes, queremos verlos florecer desde este amor de Dios”, manifestó, alentándolos a vivir con generosidad, a servir y a construir proyectos que den sentido a sus vidas. Su mensaje adquirió especial fuerza cuando los animó a no dejarse vencer por las adversidades: “No se achiquen, no se achiquen con la vida, no se achiquen con los problemas, no se achiquen con las dificultades. Ustedes están llamados a cosas grandes”, les aseguró.
El Obispo también recordó los testimonios de santidad de jóvenes como Pier Giorgio Frassati, Carlo Acutis y Chiara Badano, quienes demostraron que la juventud es un tiempo privilegiado para vivir la fe, entregarse a los demás y transformar la realidad desde el amor. Hacia el final de su homilía, evocó una conocida canción que invita a ofrecer el propio corazón, retomando su mensaje central: frente a las dificultades y a los desafíos del mundo, cada persona tiene algo valioso para entregar.
De esta manera, la multitudinaria peregrinación juvenil no solo representó el cierre de un mes de profundas expresiones de devoción mariana, sino también una renovada invitación a vivir la fe con esperanza y compromiso.
Una vez más, Río Blanco fue testigo de la fuerza de una juventud que camina, que cree y que encuentra en María una Madre que acompaña sus sueños y sus desafíos. Miles de jóvenes regresaron a sus comunidades llevando consigo un mensaje que trasciende la peregrinación: la fe no termina al llegar al Santuario, sino que continúa en la vida cotidiana, en el servicio, en el amor y en cada oportunidad de hacer el bien.




























