EN LA TARDE DEL 6 DE AGOSTO, A PARTIR DE LAS 17 HS. SE LLEVARON A CABO LOS ACTOS DE LA FIESTA PATRONAL DE LA CIUDAD DE S.S. DE JUJUY EN HONOR AL SSMO. SALVADOR.
JUJUY NACIO EN 1593 , UN LUNES DE PASCUA, Y POR ESO LLEVA EL NOMBRE DEL SSMO. SALVADOR.
A LA 17 SALIÓ LA PROCESIÓN CON LA IMAGEN ACOMPAÑADA POR LOS SACERDOTES, LAS AUTORIDADES DEL GOBIERNO PROVINCIAL Y MUNICIPAL Y POR TODO EL PUEBLO, QUE SE DIO CITA FRENTE A LA CATEDRAL PARA CELEBRAR LA FIESTA. LAS BANDAS DE SIKURIS, COMO ES COSTUMBRE, ANIMARON EL RECORRIDO DE LA MISMA.
EL OBISPO MONS FERNÁNDEZ PRESIDIO LA CELEBRACIÓN EN LA QUE SE CONMEMORABA TAMBIÉN EL 14 ANIVERSARIO DE SU TOMA DE POSESIÓN.
GRAN CANTIDAD DE FIELES PARTICIPÓ TANTO DE LA PROCESIÓN COMO DE LA MISA CONCELEBRADA.
EL OBISPO ENTREGÓ AL GOBERNADOR Y AL INTENDENTE UN EJEMPLAR DE LA ENCÍCLICA «MAGNIFICA HUMANITAS» DEL PAPA LEÓN XIV.
TERMINADA LA CELEBRACIÓN , SE LLEVÓ A CABO UNA CANTATA EN HONOR AL PATRONO DE TODOS LOS JUJEÑOS.
UNA TARDE SOLEADA Y CALUROSA ACOMPAÑÓ LA CELEBRACIÓN.
AL FINAL LE OFRECIERON AL OBISPO UNA TORTA CONMEMORANDO SU ANIVERSARIO.
AQUÍ LA HOMILÍA DE MONS FERNÁNDEZ:
FIESTA DE LA TRANSFIGURACION DEL SEÑOR
6 de agosto de 2026
SANTISIMO SALVADOR
Queridos hermanos:
Estamos viviendo esta hermosa fiesta honrando al Santísimo Salvador, nuestro Patrono. Lo hacemos junto con toda la Iglesia que celebra en su liturgia la Transfiguración del Señor.
La lectura del Evangelio que acabamos de escuchar nos invita a la contemplación del misterio de nuestro Salvador Jesucristo. Los tres Apóstoles, Pedro, Santiago y Juan son los testigos privilegiados de este acontecimiento. El Maestro, tan cotidiano y familiar, a punto de bajar a su pasión salvadora, para que no se escandalicen de los sufrimientos de su pasión, les descubre su grandeza y su belleza como Hijo de Dios.
Ellos quedan fascinados por esta contemplación de su hermosura y por boca de Pedro piden quedarse allí, levantar tres carpas, para que se prolongue este misterioso y fascinante encuentro. Sin embargo, hay una voz que viene del cielo que nos lleva a prestar la atención en aquello que el Padre Dios está esperando de ellos y de nosotros: “Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo”.
En este día quisiéramos nosotros tomar en serio esta voz del Padre que nos presenta a Jesucristo, su Hijo y nos dice: “escúchenlo”. Nuestra vida y salvación se encuentran encerradas en esa actitud: escuchar al Hijo de Dios. Escucharlo en su Palabra; escucharlo en la voz de la Iglesia; escucharlo en el día a día de nuestro caminar cuando nos habla por la voz de nuestra conciencia y nos invita siempre a vivir siempre mejor nuestra vida cristiana. –
Esta ciudad se ha fundado bajo el amparo del Santísimo Salvador. Nuestros antepasados, desde la profundidad de su fe quisieron levantar una ciudad donde el Hijo de Dios sea el punto de referencia para la vida cotidiana. Seguramente tenía un hondo contenido el poner el nombre del Salvador a la ciudad. Quisieron también que al amparo de su Cruz salvadora los hombres pudiéramos vivir cobijados por su Amor.
Quisieron que, amparados en su Cruz Salvadora, realizáramos nuestra vocación de hijos de Dios y de hermanos entre nosotros. Esa cruz del Salvador llama y cobija a todos. Se abre a los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía para decirnos que somos su pueblo, como le cantamos en el himno a nuestro Patrono. Y que el designio de Dios es que lleguemos a ser un pueblo unido para alcanzar ese destino de gloria que Dios nos promete en el cielo, pero que quiere que ya lo vayamos preparando en la medida en que la justicia, la fraternidad, la solidaridad, el respeto mutuo y la paz, van siendo los medios habituales con los que plasmamos nuestra vida cotidiana y hacemos grande nuestra historia. –
Ayer hemos recibido la grata noticia de la confirmación de la visita del Papa León a la Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre próximos. El Sucesor del Apóstol Pedro viene a confirmarnos en la fe, renovar nuestra esperanza y alentarnos en la misión de anunciar el Evangelio. En el mensaje que dirigimos al Pueblo de Dios los Obispos pedimos a Dios que “toda la patria viva este acontecimiento con esperanza, dejándose renovar por la presencia de León XIV, que en su Encíclica “Magnifica Humanitas” nos invita a comprometernos en la construcción de nuestro tiempo, animándonos a no permanecer como espectadores, sino a trabajar con perseverancia para hacer crecer la fraternidad. Su estadía entre nosotros fortalezca nuestro caminar en comunión y nos anime a ser una Iglesia cada vez más cercana, servidora y comprometida con la realidad que nos toca”
A la luz de la Transfiguración del Señor necesitamos ponernos nuevamente ante nuestro destino de gloria. El Señor transfigurado nos muestra la belleza de su ser Hijo de Dios y nos descubre la belleza de nuestra vocación. En su Amor – el Padre Dios – nos llama a todos a que nos dejemos atraer por su Hijo Jesucristo. Por la belleza de su proyecto de justicia y de amor.
Los cristianos somos los primeros que debemos poner oídos atentos a este proyecto de Dios de hacer del mundo una casa para todos, y de los hombres una familia unida en los verdaderos valores de la civilización. El Evangelio, nos dice que Jesús murió “para reunir a los hijos de Dios dispersos”. A través de la Iglesia, casa y escuela de comunión, Dios nos sigue llamando a reunirnos desde la dispersión para formar una familia. Nos rescata del egoísmo al darnos al prójimo como hermano. Nos saca de nuestro pequeño y egoísta proyecto personal para construir el nosotros de la comunidad en la que vivimos.
Queridos hermanos pongamos nuevamente hoy ante el Santísimo Redentor nuestra vida, la vida de nuestras familias, de nuestra provincia, de nuestra querida patria argentina. Pidámosle al Señor que nos cobije nuevamente. Que sea cobijo para los niños que están creciendo, para los jóvenes que necesitan cobijo frente a la tentación de la desesperanza. Que cobije a las familias que quieren trabajar honestamente y vivir unidas. Que cobije a los más pobres y a los enfermos y nos enseñe a no desentendernos de ellos. Que cobije a todo hombre y mujer de buena voluntad que quiera hacer grande a nuestra sociedad y a nuestra patria construyendo con su vida honesta y laboriosa la anhelada civilización del amor.
Al recordar hoy un año más de mi toma de posesión de esta sede diocesana de Jujuy quiero terminar con la súplica que les dirigiera aquel día:
Queridos hermanos todos: Levantemos nuevamente nuestra mirada al Santísimo Salvador. Como “ayer, hoy y siempre” Jesucristo es el mismo. Un rostro a contemplar. Un Nombre que anunciar. Una vida plena que ofrecer. Una presencia a hacer visible en nuestras celebraciones y fiestas populares. Una cercanía misericordiosa junto a los pobres, enfermos y pecadores. Una esperanza que anunciar. Y todo un mundo nuevo a construir cada día, allí donde haya espacio para el Amor.
Estos son mis sueños y mis deseos, como –seguramente – también los de todos ustedes. Se los confío al Santísimo Salvador y a nuestra Señora del Rosario de Rio Blanco y Paypaya. Que así sea




























