En el Santuario de Río Blanco, la Diócesis de Jujuy celebró el cierre del Año Jubilar con una misa presidida por Monseñor Daniel Fernández, culminando un tiempo de gracia que, durante más de un año, marcó la vida espiritual de comunidades, parroquias, movimientos e instituciones de toda la diócesis.
El Año Jubilar tuvo su inicio con la apertura de la Puerta Santa en el Santuario de Río Blanco, signo visible de un tiempo excepcional de misericordia, conversión y esperanza. Desde allí, se fue desplegando un camino profundamente significativo: no se trató de acciones pastorales aisladas, sino de verdaderos jubileos vividos por cada comunidad, cada sector y cada realidad eclesial, que peregrinaron, celebraron y se encontraron en torno a este signo jubilar.
A lo largo del año, los distintos jubileos convocaron a fieles de toda la provincia, que fueron llegando al Santuario como expresión de una Iglesia que camina, que se reconoce peregrina y que vuelve una y otra vez a sus raíces. Cada jubileo fue una experiencia comunitaria de fe y renovación del pueblo de Dios en Jujuy.
El cierre del Año Jubilar tuvo un profundo sentido simbólico y espiritual: el mismo lugar donde se abrió la Puerta Santa fue el espacio donde, tras un año de camino compartido, la Diócesis se reunió para dar gracias. No como un final definitivo, sino como la culminación de un proceso que deja huellas y compromisos para el tiempo que sigue.
En su mensaje, el Obispo invitó a que lo vivido durante este tiempo continúe dando frutos en la vida cotidiana de las comunidades.

























