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FESTIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE RIO BLANCO Y PAYPAYA

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7 DE OCTUBRE DE 2022

Queridos hermanos y hermanas: Como cada 7 de octubre nuevamente celebramos esta fiesta de nuestra Madre del Rosario de  Río Blanco y Paypaya, en el corazón de este mes de octubre durante el cual el pueblo jujeño manifiesta su profunda religiosidad y domingo tras domingo, se hace presente en este, su Santuario,  para rendirle su homenaje de filial devoción.

Sabemos que nuestra historia se halla marcada por este signo milagroso de la cercanía de María, intercediendo en favor de su pueblo, defendiéndolo de los ataques y conduciéndolo hacia la pacificación. Con motivo de la beatificación de Don Pedro Ortiz de Zárate recordábamos que él fue quien entregó la imagen de la Virgen a los Paypayas. Hace ya más de cuatro siglos que los jujeños caminamos sostenidos por su protección y animados por su amor maternal.

La profunda significación que tiene este lugar en que nos encontramos se da en el hecho de que en Río Blanco María se hace Madre de nuestro pueblo jujeño.  Y desde aquí nos atrae a su Hijo Jesús.

Y esto es una verdad fundamental porque en Jesús, su Hijo y nuestro hermano, nosotros encontramos el sentido de nuestra vida, el llamado a vivir como Hijos de Dios y hermanos de los demás hombres.  En Jesucristo Salvador, la vida del hombre se abre a su destino trascendente.  Nos sabemos nacidos por el Amor del Padre y llamados a vivir para siempre con Él.

En el proyecto de Dios… “el hombre eternamente ideado y eternamente elegido en Jesucristo, debía realizarse como imagen creada de Dios, reflejando el misterio divino de comunión en sí mismo y en la convivencia con sus hermanos, a través de una acción transformadora sobre el mundo.  Sobre la tierra debía tener, así, el hogar de su felicidad, no un campo de batalla donde reinasen la violencia, el odio, la explotación y la servidumbre” (DP 184).

Muchos son los males que aquejan hoy a nuestra humanidad.  Y nosotros también, tantas veces experimentamos amargamente en nuestra vida, la fuerza destructora del pecado y del mal que quieren hacer inviable nuestra existencia.  Nos preocupan las angustias de todos los miembros del pueblo cualquiera sea su condición social: su soledad, sus problemas familiares, económicos y sociales, la falta de trabajo y de oportunidades y en no pocos, la carencia del sentido de la vida.

Venimos a traer a los pies de nuestra Madre esta Patria herida y dividida, con las consecuencias fatales que provocan miseria y marginación para una inmensa porción del pueblo Argentino.

Sin embargo, a los pies de María, nuestra Madre, experimentamos hoy y siempre consuelo en nuestras penas y fortaleza para no bajar los brazos y seguir luchando por un mañana mejor.  Es conmovedor sentir tantas veces como lo sentimos hoy que el alma de nuestro pueblo sigue desbordando de fe, esperanza y amor.  ….

Particularmente hoy, al invocarla como Madre y Patrona de nuestro pueblo, queremos pedirle por nuestras familias, por las familias de todos los jujeños y por nuestra Provincia y nuestra patria, que deben ser una gran familia.

Hace unos días nomás nuestro Pueblo mariano ha celebrado al Señor y a la Virgen del Milagro, la peregrinación juvenil al Santuario de Itatí y de Luján, la celebración de nuestra Señora del Rosario de San Nicolás.

Nos decían en esos días los Obispos de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina:

En todas estas manifestaciones de fe…”somos testigos de la fe de nuestro pueblo que se pone en camino para celebrar al Dios de la vida. Nos llena de alegría saber que los Santuarios de nuestra Patria tienen sus puertas abiertas para todos y todas, nos reconocemos parte de la misma familia.

Nuestro pueblo ama las peregrinaciones. En ellas, se celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de una multitud de hermanos, caminando juntos hacia el Dios que los espera. Tal gesto constituye un signo espléndido de la gran visión de la Iglesia, ofrecida por el Concilio Vaticano II: la Familia de Dios, concebida como Pueblo de Dios, peregrino a través de la historia, que avanza hacia su Señor. (Cf. Documento de Puebla n. 232).

La cultura del encuentro que tantas veces hemos invocado, se manifiesta en la participación de personas de todas las clases sociales; provenientes de distintas realidades y experiencias, caminamos y rezamos juntos; en las peregrinaciones se respeta al otro, se camina muchas veces al ritmo del otro, y entre todos nos ayudamos a llegar a la ansiada meta. El peregrino se reconoce caminante hacia la meta y por eso, no presume de haber llegado ni estar por encima de los otros que caminan junto a él. El dolor y el cansancio compartido, lo hace solidario y comprometido con el andar común” (Comisión Ejecutiva CEA: “Mirada y corazón de peregrinos. Reflexiones en preparación a la Peregrinación juvenil a Luján” 26-9-22)

Como Padre y Pastor de esta Iglesia Jujeña, quisiera hoy en su fiesta, poner en el corazón de nuestra Madre los enormes desafíos, sufrimientos y la vida de cada uno de nuestros hogares.

Por eso, Madre nuestra, Madre del Rosario de Río Blanco y Paypaya, mamita del pueblo jujeño:

Les pido que recemos juntos la oración a Nuestra Madre del Rosario de Rio Blanco y Paypaya:

Madre del Rosario, Virgen Madre de Jesús, a tu sombra nació la fe del Pueblo jujeño. Eres parte de nuestra vida y de nuestra cultura. Hace ya siglos que caminas junto a nosotros. Te pedimos que nos animes a dar buen ejemplo a los niños, a proponer grandes ideales a los jóvenes, a trabajar por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada. A acompañar a los ancianos, a aliviar el dolor de los pobres y de los que sufren. Protege cada rincón de Jujuy y ya que eres nuestra Madre, ayúdanos a seguir tus ejemplos, y tus enseñanzas. Nosotros procuraremos estar siempre junto a ti, para que nos lleves a Jesús. Amén.

Mira, Madre a este pueblo tuyo.  Mira a tus hijos jujeños que necesitan ser familia.  Ayúdanos a no mezquinar nuestra entrega de cada día en pos de un futuro mejor.  Ayúdanos a trabajar juntos, más allá de las diferencias políticas o ideológicas por el bien de nuestros hijos y nietos y por la promoción humana de quienes necesitan más educación, más trabajo, más dignidad.  Fortalécenos a todos en nuestra fe.  Sostén nuestra esperanza y anima nuestro amor fraterno.  Amén.

 

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