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SE CELEBRÓ LA SANTA MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS EN LA FIESTA DEL SALVADOR

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ESTA MAÑANA EL OBISPO DE JUJUY CELEBRÓ LA SANTA MISA CONCELEBRADA POR  LOS SACERDOTES, EN EL DÉCIMO ANIVERSARIO DE SU TOMA DE POSESIÓN. ASISTIERON MUCHOS SACRDOTES DIOCESANOS , EL VICEGOBERNADOR DE LA PROVINCIA Y MUCHOS FIELES.

EN SU HOMILÍA EL OBISPO DIJO:

SANTISIMO SALVADOR

Misa de la mañana

 

Queridos hermanos sacerdotes:

Con gran alegría estamos concelebrando esta Eucaristía en el día del Santísimo Salvador, nuestro Patrono.

La Iglesia celebra hoy la fiesta litúrgica de la Transfiguración del Señor.

Tomando el texto del Evangelio de San Lucas que hoy se nos propone, quisiera hacer algunas acentuaciones para compartir con ustedes lo que me suscita las lecturas que se nos proponen hoy…

“Los tomó consigo y subió al monte a orar…”

Si revivimos la escena, si hacemos como diría San Ignacio “composición de lugar” si nos metemos nosotros en esta escena junto a Jesús, a Pedro, Santiago y Juan, descubrimos que estamos invitados y –más que invitados – “tomados por Jesús para estar con él, para subir con Él a la montaña santa, para orar con Él, para hacer la experiencia de una transfiguración…

Ese tomarnos consigo cuánto nos dice entonces acerca de nuestra vida, de nuestro ministerio y de nuestra misión.  La vida contemplativa, el estar con Jesús, con el Señor, es esencial a nuestra tarea apostólica.

El Evangelio de Lucas, sobre todo en la segunda parte, sabemos que se nos presenta como un largo camino de Jesús hacia Jerusalén. Sus discípulos son invitados a recorrerlo junto a EL.

Hay, entonces, un camino a recorrer con Jesús… Los que hemos sido tomados por él, invitados a ir tras de sí, a ser pescadores de hombres, a seguirlo… los que estamos en este camino si lo estamos de verdad, si no nos hemos quedado al costado del camino o hemos tomado otros rumbos, estamos invitados a caminar con Jesús, a subir con Jesús al monte para orar, para luego bajar y transitar el camino que nos lleva a Jerusalén para sufrir con Él la pasión para poder participar de su resurrección…

San Pedro, testigo de la Transfiguración nos dice en la segunda lectura: … “No les hicimos conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo basados en fábulas ingeniosamente inventadas, sino como testigos oculares de su grandeza.

En efecto, él recibió de Dios Padre el honor y la gloria, cuando la Gloria llena de majestad le dirigió esta palabra: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección.» Nosotros oímos esta voz que venía del cielo, mientras estábamos con él en la montaña santa”.

Si andamos en el camino con Jesús… somos invitados cada día a subir a esa montaña de la contemplación para poder contemplarlo y ser testigos de su grandeza.

Sabemos que no hay mejor evangelizador que el testigo; que no hay mejor elocuencia que la del que ha experimentado lo que transmite.  Lo demás son palabras vacías, son discursos que se nos van gastando con el paso del tiempo – como un buen vino que se nos volvió vinagre -…

Todo esto nos habla de la invitación a asumir y experimentar esta soledad luminosa del monte para que podamos estar con Él y para que asi,  más que los ornamentos que usamos – y que deben ser pulcros y estar limpios – sea nuestro ser, nuestro espíritu el que salga resplandeciente de ese encuentro, para hacer camino con los hombres de este mundo hacia la Jerusalén celestial.

Si subimos al monte para hacer silencio y contemplar es porque queremos ser obedientes a la voz del Padre que nos dice: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchenlo.» 

Escucharlo a Él cada día, sobre todo en su Palabra que desciende como maná cada mañana para que nos alimentemos de ella antes de comenzar la tarea cotidiana.

No podemos salir al camino de la misión, al desgaste de cada día de distribuir la Palabra de Vida a los hombres, si nosotros no nos alimentamos primero de ella para poder luego comunicarla.

Hoy resuena una vez más en nuestro camino sinodal la necesidad de “RECOMENZAR DESDE CRISTO” cómo nos invitaba San Juan Pablo II al comienzo del tercer milenio.

Recomenzarlo todo desde Cristo, hacer pasar por Él toda nuestra vida, todo nuestro hacer, todos nuestros proyectos pastorales, todo lo que hacemos de la mañana a la noche cada día.  Todo hacerlo pasar por Cristo para hacer una vida y una pastoral eucarística: “Por Cristo, con El y en El a Ti Dios Padre Omnipotente en la Unidad del…

Así decimos en el culmen de la celebración Eucarística – que para que no sea solo un ritual vacío – debe haberse cargado con toda la vida, con toda nuestra vida y la vida de los hombres para así decir de verdad: Por Cristo, con El y en El…

Frente al Santísimo Salvador recordemos, gustemos y agradezcamos hoy que el Señor nos tomó y nos toma consigo, nos llevó y nos quiere llevar cada día al monte para orar; que  nos invita a escucharlo para llenarnos de la Palabra que da vida y llenos de esa Vida podamos darle a los hombres y mujeres que Dios pone cada día en nuestro camino, no cualquier discurso o frase remanida sino aquello que como leíamos,  el Apóstol San Pedro experimentó y compartió con los suyos: “No les hicimos conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo basados en fábulas ingeniosamente inventadas, sino como testigos oculares de su grandeza”.

Que así sea.

AL FINALIZAR LOS SACERDOTES Y EL OBISPO COMPARTIERON UN ALMUERZO SERVIDO POR LA PARROQUIA CATEDRAL.

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