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EL OBISPO DE JUJUY DIO A CONOCER SU MENSAJE DE CUARESMA

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EN EL DÍA DE LA FECHA, EL OBISPO DE JUJUY DIO A CONOCER SU MENSAJE DE CUARESMA

AQUÍ EL TEXTO DEL MISMO

LA CUARESMA DE NUESTRA IGLESIA SINODAL

2 de marzo de 2022, Miércoles de Ceniza

 

Queridos hermanos y hermanas:

«No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad, hagamos el bien a todos» (Gal. 6, 9-10a), es la cita bíblica del apóstol Pablo que medita el Papa Francisco en su mensaje para el tiempo litúrgico de la Cuaresma de este año.

El Santo Padre inicia su mensaje recordando que “la Cuaresma es un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado”.

Sabemos por la fe que, habiendo sido salvados por el Misterio Pascual del Hijo de Dios, todos nosotros en el Bautismo fuimos injertados en Cristo y así participamos de su vida divina en nuestra condición de hijos de Dios.  San Pablo nos enseña “… por el Bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva” (Rm. 6,4).-

Vivir la Pascua del Señor, renovar nuestra condición de hijos de Dios volviendo a pronunciar las promesas bautismales en la Solemne Vigilia Pascual, nos tiene que llevar a que impulsados por el Espíritu de Dios vivamos una vida nueva: “si vivimos animados por el Espíritu, dejémonos conducir también por él”, nos vuelve a decir San Pablo (Gal. 5,25).

Y esta nueva vida, vivida a impulsos del Espíritu no sólo tiene repercusiones en la vida interior del cristiano, sino que se expande a nuestra vida familiar, social, eclesial y a nuestra relación con todo lo creado.

El tiempo de cuaresma con su llamado a la conversión nos tiene que hacer tomar conciencia de aquello que en nuestra propia vida impide el crecimiento del camino del amor en relación a Dios y en nuestra relación con los demás.  Por eso, las tradicionales prácticas cuaresmales de la oración, el ayuno y la limosna nos orientan en esa doble dirección del crecimiento en el amor a Dios, inseparable del amor debido a nuestros hermanos.

Cada año la cuaresma llega a nosotros en las particulares circunstancias que nos tocan vivir.  Y me pregunto y les pregunto: ¿qué características deberá tener la cuaresma de este tiempo sinodal?

El camino sinodal es un proceso de conversión en la medida en que nos abrimos al Espíritu Santo que nos hace buscar juntos los senderos que debemos transitar, para que renovados en su Amor seamos capaces de ofrecer el tesoro de la vida de la fe, la esperanza y el amor a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

En las comunidades – de una u otra manera – nos hemos preguntado en este tiempo preparatorio: ¿Cómo se realiza hoy este “caminar juntos” en nuestra Iglesia particular? ¿Qué experiencias hemos tenido en este tiempo que nos han gratificado y entusiasmado para seguir profundizando este camino sinodal? ¿Qué dificultades principales o resistencias hemos encontrado? ¿Qué perspectivas de cambio descubrimos a la luz del Espíritu y qué pasos concretos podemos ir transitando para afianzar el camino sinodal de nuestra Iglesia de Jujuy?

Y aplicando esto, podemos preguntarnos muy directamente cada uno de nosotros: ¿qué actitudes tengo yo que impiden o hacen más difícil este “caminar juntos” en la comunidad? ¿Qué parte de la verdad no llego a percibir todavía en la mirada de los otros, que me hace creer que soy el único que tiene la razón? ¿Cómo incluyo y sumo a otros en este caminar? ¿A quiénes – yo y mi comunidad -dejamos de lado? ¿Quiénes se han apartado a lo largo del tiempo de nuestro caminar como Iglesia?

Y podríamos seguir sumando preguntas… pero las dejo para que cada uno de nosotros se siga examinando su estilo sinodal de caminar, vivir y convivir en nuestra querida Iglesia.

Pidamos al Espíritu Santo que encuentre en nuestras mentes y en nuestros corazones las disposiciones necesarias para que obre en nosotros aquello que más necesitamos para que la comunidad eclesial pueda crecer en su estilo sinodal y así se realice aquello que pedimos en la Plegaria Eucarística: “Haz que los fieles de tu Iglesia sepan discernir los signos de los tiempos a la luz de la fe y se consagren plenamente al servicio del Evangelio.  Concédenos estar atentos a las necesidades de todos los hombres para que participando en sus penas y angustias, en sus alegrías y esperanzas, les mostremos fielmente el camino de la salvación y con ellos avancemos en el camino de tu Reino”.

Que tengamos una santa y bendecida cuaresma en este tiempo sinodal que lleve a resucitar con Cristo a la vida plena del Espíritu por los caminos de la unidad y del amor.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel Fernández

 

 

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