Inicio Diócesis ERES TÚ EL QUE HA DE VENIR? – Reflexión del obispo

ERES TÚ EL QUE HA DE VENIR? – Reflexión del obispo

227
0

MIERCOLES DE LA TERCERA SEMANA DE ADVIENTO

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     7, 19-23

Juan el Bautista, llamando a dos de sus discípulos, los envió a decir al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?»

Cuando se presentaron ante Jesús, le dijeron: «Juan el Bautista nos envía a preguntarte: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?”»

En esa ocasión, Jesús curó mucha gente de sus enfermedades, de sus dolencias y de los malos espíritus, y devolvió la vista a muchos ciegos. Entonces respondió a los enviados:

«Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos oyen, los muertos resucitan, la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!»

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

En este miércoles de la tercera semana de Adviento, la Iglesia nos presenta para nuestra reflexión la lectura de este trozo del Evangelio de San Lucas.  Se trata de un texto común para Mateo y Lucas, en este último ubicado entre el relato del milagro de la resurrección del hijo de la viuda de Naín (pasaje propio de Lucas) y el elogio que Jesús hace de Juan Bautista.

Es en este contexto que se nos sugiere una especie de paso entre la imagen de Jesús que sana, incluso de la muerte, y la invitación a la conversión, hecha por Jesús mismo en los tres pasajes sucesivos: poner en plena luz la figura de Juan, juzgar a su generación y acoger el gesto de la pecadora en casa del fariseo.

Los discípulos de Juan tienen aquí un rol de primer plano; son ellos los que abren y cierran el pasaje; son ellos los que crean el vínculo comunicativo entre su maestro, detenido en la prisión de Herodes (cfr. Lc 3,19-20), y Jesús. Ellos informan al Bautista y dos de ellos son mandados de parte suya con una pregunta directa para el maestro de Nazaret: dos veces Lucas nos pone delante esta cuestión de capital importancia. Y la pregunta se enfoca en la espera. Juan sabe que alguien debe venir. El problema es entender si ese alguien es Jesús o si se necesita esperar a otro.

El hecho que Juan mande a preguntarle explícitamente esto a Jesús, significa que él confía en él. Tal vez él puede haber estado algo equivocado sobre el cumplimiento del balance judicial vinculado a la imagen bíblica del “día del Señor”, tema que se encuentra en el trasfondo de toda su predicación (cfr. Lc 3,7ss).

Nos enseña el Papa Francisco:

“Su vida [la de Juan el Bautista] comenzó a abajarse, a disminuir para que creciera el Señor, hasta anularse a sí mismo. Esta ha sido la etapa difícil de Juan, porque el Señor tenía un estilo que él no había imaginado, hasta tal punto que en el cárcel -porque estaba en la cárcel en este momento- sufrió no solo la oscuridad de la celda, sino la oscuridad del corazón: ‘Pero, ¿será Éste? ¿No me habré equivocado? Porque el Mesías tiene un estilo tan a mano… No se entiende…’ Y como era hombre de Dios, pide a sus discípulos ir donde Él a preguntar: ‘Pero, ¿eres Tú realmente o debemos esperar a otro?'”

La humillación de Juan es doble: la humillación de su muerte como precio de un capricho pero también la humillación de la oscuridad del alma. Juan ha sabido esperar a Jesús, que ha sabido discernir, ahora ve a Jesús lejos.

Esa promesa se ha alejado. Y termina solo. En la oscuridad, en la humillación. Se queda solo porque se ha destruido mucho para que el Señor creciera.

Juan ve que el Señor está lejos y él humillado, pero con el corazón en paz”.

“Vayan”, dice Jesús a los discípulos de Juan. Ahora la buena noticia está completa y realizada porque las obras que Jesús hace son justamente aquéllas mencionadas por los profetas. Un mensaje inequívoco para un hombre como Juan, sobre quien la Palabra de Dios había venido (cfr. Lc 3,2). Y, al final, el anuncio de una bienaventuranza que puede sonar extraña, porque aparece en forma negativa: bienaventurado el que no encuentra en Jesús ocasión de tropiezo, de obstáculo en el camino de la fe. ¿Cómo comprender esto? De hecho es una bienaventuranza que va más allá del mensaje para el Bautista, y que se dirige al que escucha la Palabra, como nosotros hoy.

Por eso hoy nos preguntamos:

  • ¿Vivimos a la escucha de la Palabra como dinámica de conversión?
  • ¿Sabemos acoger los signos de la presencia operante de Jesús también en nuestro tiempo?
  • ¿Sabemos confiarnos al Evangelio de manera activa, como verdaderos discípulos?

Pidamos al Señor:

Danos, Señor, ojos para ver y oídos para escuchar.

Danos, Señor, el coraje de buscar siempre tu verdad y de pedirte su revelación en la oración.

Danos, Señor, el saber caminar con todos, con quien ha comprendido más de cerca tu proyecto, con quien aún le cuesta ver tu cercanía.

Que tengamos un bendecido día:

Padre Obispo Daniel

Artículo anteriorLa parábola de los dos hijos – REFLEXIÓN DEL OBISPO
Artículo siguienteEl episcopado definió triduo pastoral por la vida naciente

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí