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CON QUÉ AUTORIDAD HACES ESTAS COSAS? – Reflexión del obispo

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LUNES DE LA TERCERA SEMANA DE ADVIENTO

MEMORIA DE SAN JUAN DE LA CRUZ

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     21, 23-27

Jesús entró en el Templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, para decirle: «¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado esa autoridad?»

Jesús les respondió: «Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas. ¿De dónde venía el bautismo de Juan? ¿Del cielo o de los hombres?»

Ellos se hacían este razonamiento: «Si respondemos: “Del cielo”, él nos dirá: “Entonces, ¿por qué no creyeron en él?” Y si decimos: “De los hombres”, debemos temer a la multitud, porque todos consideran a Juan un profeta.»

Por eso respondieron a Jesús: «No sabemos.»

El, por su parte, les respondió: «Entonces yo tampoco les diré con qué autoridad hago esto.»

Palabra del Señor.

 

Queridos hermanos y hermanas:

El evangelio de este lunes de la tercera semana de Adviento nos relata el conflicto que Jesús tuvo con las autoridades religiosas de la época después de haber echado a los vendedores del Templo. Los sacerdotes y los ancianos del pueblo quieren saber con qué autoridad Jesús hacía esas cosas al punto de entrar en el Templo y expulsar a los vendedores (cf. Mt 21,12-13).

Las autoridades se consideraban dueños de todo y pensaban que nadie podía hacer nada sin su permiso. Por eso, perseguían a Jesús y trataban matarle. Algo semejante estaba aconteciendo en las comunidades cristianas de los años setenta-ochenta, época en que se escribió el evangelio de Mateo. Los que resistían a las autoridades del imperio eran perseguidos. Había otros que, para no ser perseguidos, trataban de conciliar el proyecto de Jesús con el proyecto del imperio romano (cf. Gál 6,12). La descripción del conflicto de Jesús con las autoridades de su tiempo era una ayuda para que los cristianos siguieran firmes en las persecuciones y no se dejaran manipular por la ideología del imperio.

Volviendo al relato vemos que Jesús circula, de nuevo, en la enorme plaza del Templo. Luego aparecen algunos sacerdotes y ancianos para interrogarlo. Después de todo lo que Jesús había hecho la víspera, ellos quieren saber con qué autoridad hace las cosas. No preguntan por la verdad ni por la razón que le llevó a Jesús a expulsar los mercaderes. Preguntan de dónde le viene la autoridad (cf. Mt 21,12-13). Piensan que Jesús tiene que rendirles cuenta. Piensan que tienen derecho a controlarlo todo. No quieren perder el control de las cosas.

Jesús no se niega a responder, pero muestra su independencia y libertad y dice: «Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas. ¿De dónde venía el bautismo de Juan? ¿Del cielo o de los hombres?» Pregunta inteligente, simple como una paloma, y ¡astuta como una serpiente! (cf. Mt 10,16). La pregunta va a revelar la falta de honestidad de los adversarios. Para Jesús, el bautismo de Juan venía del cielo, venía de Dios. El mismo había sido bautizado por Juan (Mt 3,13-17). Los hombres del poder, por el contrario, habían tramado la muerte de Juan (Mt14,3-12). Y así mostraron que no aceptaban el mensaje de Juan y que consideraban su bautismo como cosa de hombres y no de Dios.

Los sacerdotes y los ancianos se dieron cuenta del alcance de la pregunta y razonaban entre sí de la siguiente manera: “Si decimos: `Del cielo’, nos dirá: `Entonces ¿por qué no le creyeron?’ Y si decimos: `De los hombres’, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta”. Por esto, para no exponerse, respondieron: “No sabemos”. Respuesta oportunista, fingida e interesada. El único interés de ellos era no perder su liderazgo ante la gente. Dentro de sí, ya lo habían decidido todo: Jesús debía de ser condenado a muerte (Mt 12,14).

Y Jesús les dijo: “Tampoco yo les digo con qué autoridad hago esto”. Por su falta total de honestidad, no merecen la respuesta de Jesús.

El Papa Francisco nos enseña:

“¿Con qué autoridad hacéis estas cosas? Quieren tender “una trampa” al Señor, tratando de llevarlo contra la pared, hacerle equivocarse. Pero ¿cuál es el problema que esta gente tenía con Jesús? ¿Son quizás los milagros que hacía? No, no es esto. En realidad el problema que escandalizaba a esta gente era el de que los demonios gritaban a Jesús: “¡Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Santo!”. Este “es el centro”, esto escandaliza de Jesús: “Él es Dios que se ha encarnado”.

También a nosotros nos tienden trampas en la vida, pero lo que escandaliza de la Iglesia es el misterio de la Encarnación del Verbo. Y esto no se tolera, esto el demonio no lo tolera. Cuántas veces se oye decir: “Pero, vosotros cristianos, sed un poco más normales, como las otras personas, ¡razonables!”. Este es un discurso de encantadores de serpientes: “Pero, sed así ¿no?, un poco más normales, no seáis tan rígidos…” Pero detrás de esto está: ´Pero, no vengáis con historias ¡que Dios se ha hecho hombre!

La Encarnación del Verbo, ¡ese es el escándalo que está detrás! Podemos hacer todas las obras sociales que queramos, y dirán: “Pero qué buena la Iglesia, qué buena la obra social que hace la Iglesia” Pero si decimos que hacemos esto porque aquellas personas son la carne de Cristo, viene el escándalo. Y esa es la verdad, esa es la revelación de Jesús: esa presencia de Jesús encarnado”.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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