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Preparen el camino – REFLEXIÓN DEL OBISPO

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SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     1, 1-8

Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.

Como está escrito en el libro del profeta Isaías:

      «Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti

      para prepararte el camino.

      Una voz grita en el desierto:

      Preparen el camino del Señor,

      allanen sus senderos»

Así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: «Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.»

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

En este segundo Domingo de Adviento, siguiendo el Evangelio de San Marcos que nos acompañará durante todo el año litúrgico, leemos hoy el comienzo del Evangelio, sus primeras palabras y la primera escena que tiene como protagonista a Juan el Bautista.

Tenemos que tener presente que en los años 70, época en la que Marcos escribe su evangelio, las comunidades vivían una situación difícil. Desde fuera eran perseguidas, por el Imperio Romano. Desde dentro, se vivían muchas dudas y tensiones. Algunos grupos afirmaban que Juan Bautista era igual que Jesús (Hch 18,26; 19,3). Otros querían saber cómo debían comenzar el anuncio de la Buena Noticia de Jesús. En estos pocos versículos, Marcos comienza a responder, narrando cómo se inició la Buena Noticia de Dios que Jesús nos anuncia y cuál es el puesto que Juan Bautista ocupa en el proyecto de Dios.

El Evangelio de Marcos empieza así: “Comienzo del Evangelio de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios” (Mc 1,1). Todo tiene un principio, también la Buena Noticia de Dios que Jesús nos comunica. El texto que nos proponemos meditar nos muestra cómo Marcos buscó este comienzo. Cita a los profetas Isaías y Malaquías y menciona a Juan Bautista, que preparó la venida de Jesús. Marcos nos muestra así que la Buena Noticia de Dios, revelada por Jesús, no ha caído del cielo, sino que viene de lejos, a través de la Historia.

Y tiene un precursor, uno que ha preparado la venida de Jesús. También para nosotros, la Buena Noticia nos llega a través de las personas y los acontecimientos bien concretos que nos indican el camino que lleva a Jesús. Por esto, al meditar el texto de Marcos, conviene preguntarnos: “A lo largo de la historia de mi vida, ¿quién me ha indicado el camino hacia Jesús?” Y una segunda pregunta: “¿He ayudado a alguno a descubrir la Buena Noticia de Dios en su vida? ¿He sido el precursor para alguno?”.

Juan Bautista había provocado un gran movimiento popular. ¡Toda la región de la Judea y todos los habitantes de Jerusalén iban al encuentro de Juan! Marcos se sirve de los textos de Malaquías e Isaías para iluminar este movimiento popular, suscitado por Juan Bautista. Indica que con la venida de Juan Bautista la esperanza del pueblo ha comenzado a encontrar una respuesta, a realizarse. La semilla de la Buena Nueva comienza a despuntar, a crecer.

Como decíamos, en la época en la escribe Marcos, mucha gente pensaba que Juan Bautista fuese el mesías (cf Hch 19,1-3). Para ayudarles a discernir, Marcos cita las palabras del mismo Juan: “Después de mí viene aquél que es más fuerte que yo y de quien no soy digno de desatar sus sandalias. Yo he bautizado con agua. Él bautizará con Espíritu Santo”. Marcos nos dice que Juan señala el camino hacia Jesús. Hace saber a las comunidades que Juan no era el Mesías, sino más bien su precursor.

San Juan Bautista fue enviado al mundo para ser testigo del hecho más extraordinario nunca antes pensado ni imaginado. Toda su vida fue predicar la conversión y el arrepentimiento de los pecados, gritándolo con sus palabras y obras. Y ejerció su labor con gran celo, ya que conocía la magnitud de su misión y dio testimonio con su muerte de la verdad de su misión.

Gracias a Dios, la misión de San Juan Bautista sigue estando viva aun hoy en día. Porque hombres y mujeres continúan predicándonos con su vida que es posible vivir totalmente dirigidos a Cristo transformando nuestra vida con su gracia. Dios nos habla a través de ellos, pues ellos sólo son sus mensajeros. Y nosotros hagámonos también testigos, ya que  infinitas son las gracias inmerecidas que hemos recibido de Dios – empezando por el don de la fe – y ya que las hemos recibido gratis, démoslas gratis como nos indicó el mismo Señor (Mt 10, 8).

Que tengamos un bendecido domingo.  Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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