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La purificación del templo – REFLEXIÓN DEL OBISPO

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VIERNES DE LA TRIGÉSIMO TERCERA SEMANA DURANTE EL AÑO

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     19, 45-48

Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.»

Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo. Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

Tras describir la subida de Jesús a Jerusalén (17,11-19,28), Lucas lo presenta ahora realizando su accionar en el contexto del templo. Después de la entrada del enviado del Señor a Jerusalén pasando por la puerta de oriente (19,45), el templo es el primer lugar en que Jesús lleva a cabo su acción: las controversias que se narran tienen lugar en este sitio y a él hacen referencia.

La subida de Jesús al templo no es sólo una acción personal sino que afecta también a la “multitud de los discípulos” (v.37) en su relación con Dios (vv.31-34). Lucas narra ante todo un primer episodio en el que presenta los preparativos de la entrada de Jesús en el templo (vv.29-36) y su realización (vv.37-40); sigue después una escena en la que se presenta a Jesús llorando sobre la ciudad, tal como le hemos meditado ayer (vv.41-44), mientras que en la siguiente escena encontramos la narración del pasaje de hoy: su presencia en el templo y la expulsión de los vendedores (vv.45-48).

El gesto de Jesús no tiene un valor político, sino una significación profética. Se le hace presente al lector que la meta del gran viaje de Jesús a Jerusalén es su ingreso en el templo. Es evidente la referencia a la profecía de Malaquías y su cumplimiento con la entrada de Jesús en el templo: “Y enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis…” (3.1).

Jesús une al gesto de expulsar del templo a los vendedores dos referencias a la Escritura: Ante todo Is 56, 7: “Mi casa será casa de oración”. El templo es el lugar en el que Jesús se dirige al Padre. La actividad comercial y especulativa ha convertido el templo en una cueva de ladrones y lo ha desprovisto de su única y exclusiva misión: el encuentro con la presencia de Dios.

La segunda referencia a la Escritura está tomada de Jr 7,11: “¿En cueva de bandoleros se ha convertido a vuestros ojos esta Casa que se llama por mi Nombre?”. La imagen de cueva de ladrones le sirve a Jesús para condenar el tráfico material en sentido amplio y no sólo los tráficos deshonestos que de manera velada e ilegal se cometían en el templo. Jesús exige un cambio de rumbo: purificar el templo de todas aquellas torpes acciones humanas y conducirlo a su función originaria: rendir verdadero servicio a Dios.

Expulsando a estos impostores del comercio se cumple la profecía de Zacarías: “Y no habrá más comerciante en la Casa de Yahvé Sebaot aquel día” (14,21). Al pronunciarse así Jesús sobre el templo, no se refiere a una restauración de la pureza del culto, como era la intención de los zelotas. La intención de Jesús va más allá de la pureza del culto, es más radical, es intransigente: el templo no es una obra realizada por el esfuerzo humano; la presencia de Dios no está ligada a su aspecto material; el auténtico servicio a Dios lo realiza Jesús con su enseñanza y su obra de salvación.

Como era de esperar, con motivo de esta predicación “los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo buscaban matarlo” (v.47). En los límites temporales del espacio del templo, Jesús lleva a cabo una enseñanza altamente significativa, es más, es justamente en este lugar tan fundamental para los judíos donde su enseñanza alcanza el vértice, y será desde aquí desde donde partirá la palabra de los apóstoles después de la resurrección y ascensión del Señor a los cielos (Hch 5,12.20.25.42).

Así, la difusión de la Palabra de gracia de la que Jesús es el único portador se abre como un arco que tiene su inicio cuando con doce años discute entre los Doctores de la ley en el templo; continúa con su enseñanza mientras atraviesa Galilea y durante el camino hacia Jerusalén; y se completa con la entrada en el templo donde toma posesión de la casa de Dios.

En este lugar se echan los fundamentos para la futura misión de la Iglesia: la difusión de la palabra de Dios. Los principales del pueblo no pretenden eliminar a Jesús sólo por haber destruido los negocios económicos del templo, sino que sus motivos alcanzan a toda su anterior actividad y su enseñanza y se hacen patentes ante el discurso contra el templo.

Jesús reivindica algo que desencadena la reacción de los sumos sacerdotes y de los escribas. En contraste con esta actitud hostil aparece la actitud del pueblo “que le oía pendiente de sus labios”. Para ellos, Jesús es visto como el mesías que, con su Palabra de gracia, reúne en torno a él al pueblo de Dios.

Dios quiera que todos nosotros nos contemos siempre entre ese pueblo sencillo y fiel que está pendiente de toda Palabra que sale de la boca de Dios.  Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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