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JESÚS Y ZAQUEO – Reflexión del obispo

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MARTES DE LA TRIGÉSIMO TERCERA SEMANA DURANTE EL AÑO

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     19, 1-10

Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos. Él quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.

Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.

Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador.» Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más. “Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

En la lectura del evangelio de San Lucas que nos presenta la liturgia hoy, estamos llegando al final de la larga caminata que empezó en el capítulo 9 (Lc 9,51)  A lo largo del recorrido, no se sabía bien por dónde Jesús iba. Lo único que se sabía era que iba hacia Jerusalén.

Ahora, al final, la geografía queda clara y definida. Jesús llega a Jericó, a la ciudad de las palmeras, en el valle del Jordán. Última parada de los peregrinos, antes de subir para Jerusalén. Allí en Jericó terminó la larga caminata del éxodo 40 años por el desierto. También el éxodo de Jesús está terminando. Al entrar a Jericó, Jesús encuentra a un ciego que quería verle tal como leímos en el Evangelio de ayer (Lc 18,35-43). Ahora, al salir de la ciudad, encuentra a Zaqueo, un publicano, que también quiere verle. Un ciego y un publicano. Los dos eran excluidos.

Podemos decir que los dos molestaban a la gente: el ciego con sus gritos, el publicano con sus impuestos. Sin embargo, los dos son acogidos por Jesús, cada cual a su manera.

Zaqueo era el jefe de los publicanos de la ciudad. Persona rica y muy ligada al sistema de dominación de los romanos. Para los judíos más religiosos quien colaboraba con los romanos pecaba contra Dios.  Así, los soldados que servían en el ejército romano y los cobradores de impuestos, como Zaqueo, eran excluidos y considerados como pecadores e impuros.

Nota el relato que Zaqueo quiere ver a Jesús. Siendo pequeño, corre hacia delante, sube a un árbol, y espera para ver a Jesús que pasa. ¡Tiene enormes ganas de ver a Jesús! Al llegar cerca y viendo a Zaqueo sobre un árbol, Jesús no pregunta ni exige nada. Apenas responde al deseo del hombre y dice: «Zaqueo, ¡baja pronto! Porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.»

Zaqueo baja y recibe a Jesús en su casa, con mucha alegría. Todos murmuraban: «¡Ha ido a hospedarse en casa de un hombre pecador!» ¡Lucas dice que todos murmuraban! Esto significa que Jesús estaba quedándose solo en su actitud de acoger a los excluidos, sobre todo a los colaboradores del sistema. Pero a Jesús no le importan las críticas. Va a casa de Zaqueo y lo defiende contra las críticas.  En vez de pecador, le llama “hijo de Abrahán” (Lc 19,9).

En contrapartida, Zaqueo dice: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.” Esta es la conversión en Zaqueo por la acogida de parte de Jesús. Devolver cuatro veces lo que la ley mandaba en algunos casos (Ex 21,37; 22,3). Dar la mitad de los bienes a los pobres era una novedad que producía el contacto con Jesús.

Finalmente Jesús declara: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán» La interpretación de la Ley por la Tradición antigua excluía a los publicanos de la raza de Abrahán. Jesús dice que vino a buscar y a salvar a lo que estaba perdido. El Reino es para todos. Nadie podía ser excluido. La opción de Jesús es clara, su llamada también. Al denunciar las divisiones injustas, Jesús abre el espacio para una nueva convivencia, regida por los nuevos valores de verdad, justicia y amor.

Para las comunidades de Lucas, formadas por los cristianos de origen judío como de origen pagano, la afirmación de Jesús llamando a Zaqueo “hijo de Abrahán” era muy importante. En ella encontraban la confirmación de que, en Jesús, Dios estaba cumpliendo las promesas hechas a Abrahán, dirigidas a todas las naciones, tanto a los judíos como a los gentiles. Estos son también hijos de Abrahán y herederos de las promesas.

Queridos hermanos: Zaqueo acogió a Jesús y se convirtió, porque Jesús lo había acogido antes a él. No lo había condenado, sino que había respondido a su deseo de salvación. Pidamos a la Virgen María, modelo perfecto de comunión con Jesús, que también nosotros experimentemos la alegría de recibir la visita del Hijo de Dios, de quedar renovados por su amor y transmitir a los demás su misericordia.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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