Inicio Diócesis MARIA, MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS – Reflexión del obispo

MARIA, MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS – Reflexión del obispo

477
0

SÁBADO DE LA TRIGÉSIMO PRIMER SEMANA DURANTE EL AÑO

MARIA MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     2, 1-11

 

Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía.» Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga.»

Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas.» Y las llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete.» Así lo hicieron.

El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: «Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento.»

Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy celebramos la fiesta de María Medianera de todas las gracias.  Con este título se la reconoce en  documentos oficiales de la Iglesia y ha sido acogido en la liturgia, introducida por el Papa Benedicto XV en el año l921.

Al celebrar a María como medianera de la gracia celebramos al Dios de misericordia y nos sentimos más unidos a Cristo, cuyos méritos nos alcanzan los favores del Padre. Al mismo tiempo, María nos educa en el noble oficio de la intercesión. Ella es un puente que Dios ha tendido desde su orilla hasta nuestra orilla, la orilla de la necesidad. Interceder a favor de alguien supone creer en la eficacia de la solidaridad cuando apela al sentimiento del amor.

La Virgen es el medio para profundizar en el misterio de Cristo, de progresar en la fe, la esperanza y la caridad. «Asociada por un vínculo estrecho e indisoluble a los misterios de la Encarnación y de la Redención… ; creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo su misión maternal para con los miembros de Cristo, cooperando al nacimiento y al desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos». (Credo de Pablo VI, n. 15)

 

El Concilio Vaticano II nos dice al respecto: “María, asunta  al cielo,  no ha dejado su misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continua obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por éste motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Esto no resta ni añade nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador” (LG 62).

Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres. Pero El, no por necesidad sino por benevolencia, ha querido asociarse otros mediadores, entre ellos María.  El Concilio también nos dice: “.la Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador” (LG 62).

Es esta una doctrina cierta, Ella como Madre, se interesa por la salvación de todos nosotros, sus hijos, ruega por nosotros y nos consigue las gracias que recibimos. Con estas afirmaciones, la Constitución Lumen Gentium pone de relieve, como se merece, el hecho de que la Virgen estuvo asociada íntimamente a la Obra redentora de Cristo, haciéndose la compañera del Salvador más generosa de todas. Esta cooperación de María estuvo animada por las virtudes evangélicas de la obediencia, la fe, la esperanza y la caridad  y se realizó bajo el influjo del Espíritu Santo.

Por eso, después de la Asunción, desde su entrada en la gloria, es María distribuidora de todas las gracias. Ella en el cielo conoce todas nuestras necesidades espirituales y materiales, ruega por nosotros, y cómo influye en el corazón de su Hijo, nos obtiene todas las gracias que a nuestras almas  llegan y las que se dan a los que no se obstinan en el mal.

Hoy podemos rezarle a María con esta hermosa oración de San Bernardo: Mira a la estrella, llama a María.

“Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María. Si eres agitado por las olas de la soberbia, de la detracción, de la ambición o de la envidia, mira a la estrella, llama a María. Si la ira, la avaricia o la impureza impelen violentamente la navecilla de tu alma, mira a la estrella, llama a María (…) No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón (…).

No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía: llegarás felizmente a puerto, si Ella te ampara.”

(San Bernardo, Homiliae super “Missus est” 2, 17).

Que tengamos un hermoso día de la Virgen y comienzo del mes de María.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

Artículo anteriorEL ADMINISTRADOR ASTUTO – Reflexión del obispo
Artículo siguienteLA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN – Reflexión del obispo

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí