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NTRA SRA. DE LA MERCED – Reflexión del obispo

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JUEVES DE LA VIGÉSIMO QUINTA SEMANA DURANTE EL AÑO

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     2, 1-11

Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía.» Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga.»
Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas.» Y las llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete.» Así lo hicieron.
El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: «Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento.»
Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor.

 

Queridos hermanos y hermanas:

La Iglesia celebra hoy la memoria de Nuestra señora de la Merced.  Esta devoción mariana, tan extendida se celebra en muchos lugares del mundo y de nuestra patria con una grandísima devoción.  Les propongo que conozcamos un poco más de su historia.

La Virgen de la Merced o Nuestra Señora de las Mercedes es una de las advocaciones marianas de la Virgen María. Es equivalente también el nombre de Virgen de la Misericordia.

La historia nos cuenta que en tiempos en que los musulmanes saqueaban las costas europeas y llevaban a los cristianos como esclavos a África,  la horrenda condición de estas víctimas era indescriptible. Muchos perdían la fe pensando que Dios les había abandonado.

Un laico, comerciante llamado Pedro Nolasco decidió dedicar su fortuna a la liberación del mayor número posible de esclavos e inicia en Valencia hacia el año 1203 la redención de cautivos, redimiendo con su propio patrimonio a 300 cautivos. También forma un grupo dispuesto a poner en común sus bienes y organiza expediciones para negociar redenciones. Su condición de comerciantes les facilita la obra. Comerciaban para rescatar esclavos.

Cuando se les acabó el dinero formaron cofradías para recaudar la “limosna para los cautivos”. Pero llega un momento en que la ayuda se agota y Pedro Nolasco se plantea entrar en alguna orden religiosa o retirarse al desierto. Entra en una etapa de reflexión y oración profunda. Pide a Dios ayuda y, como signo de la misericordia divina, le responde la Virgen que funde una congregación liberadora.

Según la leyenda la noche del 1 al 2 de agosto de 1218, la Virgen se les apareció a Pedro Nolasco, a Raimundo de Peñafort, y al rey Jaime I de Aragón, y les comunicó a cada uno su deseo de fundar una congregación para redimir cautivos. La Virgen María movió el corazón de Pedro Nolasco para formalizar el trabajo que él y sus compañeros estaban ya haciendo.

Siguiendo este mandato, Pedro Nolasco, funda la congregación, apoyado por el Rey Jaime I de Aragón, el Conquistador y aconsejado por san Raimundo de Peñafort. Su espiritualidad se fundamenta en Jesús, el liberador de la humanidad y en la Virgen, la Madre liberadora e ideal de la persona libre. En el capítulo general de 1272, los frailes toman el nombre de La Orden de Santa María de la Merced, de la redención de los cautivos, mercedarios. En el año 1265 aparecieron las primeras monjas (comendadoras) de la Merced. Se calcula que fueron alrededor de trescientos mil los redimidos por los frailes mercedarios del cautiverio de los musulmanes.

Hoy en día ya no existe esta forma de opresión que dio origen a esta obra, pero quienes continúan la misión recibida de María a San Pedro Nolasco, los padres y las hermanas mercedarias, junto con toda su familia espiritual, se sienten llamados a descubrir y socorrer a las numerosas formas de esclavitud que existen en el mundo de hoy.

También nuestra historia argentina está profundamente marcada por la intervención de nuestra Señora de la Merced. La victoria en la batalla de Tucumán del 24 de septiembre de 1812, es acreditada a Nuestra Señora de las Mercedes. El general Belgrano puso su confianza en Dios y en Nuestra Señora de las Mercedes, a quien eligió por Patrona de su Ejército.

En la mañana del 24 de septiembre de 1812, día del combate, el general Belgrano estuvo orando largo rato ante el altar de la Virgen. El ejército argentino obtuvo la victoria. En el parte que transmitió al Gobierno, Belgrano hizo resaltar que la victoria se obtuvo el día de Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya protección se habían puesto las tropas.

Belgrano puso en manos de la imagen de la Virgen su bastón de mando proclamándola como Generala del Ejército. La entrega se efectuó durante una solemne procesión con todo el ejército, que terminó en el Campo de las Carreras, donde se había librado la batalla.

Podemos hoy orar a nuestra Señora con estas palabras:

“SANTÍSIMA VIRGEN DE LA MERCED, REDENTORA DE CAUTIVOS, CELESTIAL PROTECTORA DE NUESTRA PATRIA.

CONCEDENOS APOSTOLES ACTIVOS, SACERDOTES CELOSOS DE SU MINISTERIO, LIBRA CON TU PODER AL MUNDO DE LAS GUERRAS, A LOS PECADORES DE SUS CULPAS, A LOS ENFERMOS DE SUS DOLORES, A LOS POBRES DEL HAMBRE, A LOS PERSEGUIDOS DE SUS ENEMIGOS, A LOS AGONIZANTES DE SUS ANGUSTIAS, Y A LAS ALMAS DEL PURGATORIO DE SUS PENAS, AMEN.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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