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SAN MATEO – Reflexión del obispo

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LUNES DE LA VIGÉSIMO QUINTA SEMANA DURANTE EL AÑO

SAN MATEO, APÓSTOL

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     9, 9-13

    Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y lo siguió.

    Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?»

    Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

Celebra hoy la Iglesia, como cada 21 de setiembre la fiesta del Apóstol San Mateo.  El mismo Apóstol nos cuenta su conversión, en el texto que acabamos de escuchar, empleando unos términos extremadamente sencillos.  El evangelista Lucas cuando relate estos hechos pondrá de relieve que aquel banquete era signo del amor misericordioso de Jesús a todos los pecadores.

Recordemos que la intención de Mateo, al escribir su Evangelio, era dirigirse sobre todo a la comunidad judeocristiana: esto se verifica al comprobar que presenta a Jesús como el nuevo Moisés, como aquel que trae la Ley del amor al nuevo Pueblo de Dios.  Y es Jesús, quien instituye la Iglesia, como comunidad de la Nueva Alianza sellada con su sangre.

San Mateo es mencionado también en los Hechos de los Apóstoles. El anuncio de la Buena Noticia de Cristo constituyó su misión. Según algunas fuentes, murió por causas naturales, mientras que según otras tradiciones -consideradas  poco fiables- su vida terminó en Etiopía.

Sus reliquias se encuentran en la cripta de la Catedral de Salerno (Italia), donde se le festeja el 21 de septiembre con una solemne procesión.

En la descripción de los cuatro seres del Apocalipsis (águila, toro, león y hombre), San Mateo es asociado con el de aspecto humano.

La figura de San Mateo es muy querida por la iconografía. Particularmente conocida es la obra “Vocación de San Mateo”, pintada por Caravaggio entre 1599 y 1600, que se puede admirar en la Iglesia de San Luis de los Franceses en Roma.

 

En esta sugestiva pintura, la luz, símbolo de la gracia, juega un papel fundamental. La escena implica una acción dramática: el dedo de Jesús apunta a Mateo, que aún tiene las monedas en la mano. La historia de San Mateo y la pintura de Caravaggio han marcado la vida del Papa Francisco. Lo cuenta él mismo una la entrevista de 2013, en la cual, paragonándose a la figura de Mateo, el Pontífice se define «un pecador en quien el Señor ha puesto sus ojos”.

También hemos de mencionar que el Papa Francisco ha puesto como lema de su servicio episcopal una frase latina “miserando atque eligendo” tomada de una de las homilías de San Beda el venerable, sobre la vocación de Mateo,  ya que es un homenaje a la misericordia divina que el Pontífice experimentó en su juventud, después de una confesión. Allí dice San Beda: “Vio Jesús a un publicano, y como le miró con sentimiento de amor y le eligió, le dijo: Sígueme”.

Yendo ahora al texto que nos presenta la vocación de Mateo, la escena se desarrolla en Cafarnaúm.  Esta ciudad estaba situada en los confines del territorio de Herodes Antipas con el de su hermano Filipo, sobre la arteria comercial que conducía desde Damasco al Mediterráneo.  Esto explica la presencia de numerosos encargados del cobro de las tasas en aquella zona por la odiada clase de los publicanos.

Toda la atención del texto está centrada en la prontitud de la respuesta de Mateo, presentado como “Leví, hijo de Alfeo”, en Marcos y en Lucas, respecto a la llamada de Jesús, y también en el tipo de gente que asiste al banquete, tal vez de despedida que Mateo ofrece a sus ex colegas a fin de subrayar la seriedad de su opción.

El hecho de ver a muchos publicanos y pecadores comiendo con Jesús y sus discípulos escandaliza a los fariseos, porque en Oriente comer juntos significaba comunidad de vida y de sentimientos. Al conversar con los publicanos y los pecadores, Jesús muestra que está en la línea de la “misericordia” y reprocha a los fariseos su legalismo, que los hace insensibles a las auténticas necesidades del Espíritu, además de incapaces de comprender las auténticas necesidades del prójimo.

El hecho de haber tenido Mateo como invitado al Señor a su mesa, y el trabajo al que se dedicaba cuando fue llamado por el Señor se aluden en la liturgia de su fiesta. En la oración colecta se señala que Dios, en su «infinita misericordia», se dignó «elegir a san Mateo para convertirlo de recaudador de impuestos en un apóstol». En la oración después de la comunión se hace referencia al «gozo salvífico que experimentó san Mateo cuando recibió en su casa como comensal al Salvador». Y en el himno de Laudes, rezamos: «Oh Mateo, ¡qué riquezas tan grandes te prepara el Señor, que te llamó cuando estabas (…) apegado a las monedas! / A impulsos de tu amor ardiente te apresuras a recibir al Maestro (…)».

Con sentimientos de gratitud hacia Dios que ha tenido misericordia de todos nosotros que somos pecadores, pidamos por intercesión de San Mateo, la gracia de una verdadera y fructuosa conversión en nuestra vida cristiana.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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