Inicio Diócesis El sembrador salió a sembrar – REFLEXIÓN DEL OBISPO

El sembrador salió a sembrar – REFLEXIÓN DEL OBISPO

23
0

SÁBADO DE LA VIGÉSIMO CUARTA SEMANA DURANTE EL AÑO

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     8, 4-15

Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola: «El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo. Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad. Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron. Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno.»

Y una vez que dijo esto, exclamó: «¡El que tenga oídos para oír, que oiga!»

Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola, y Jesús les dijo: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender.

La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios. Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.

Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás.

Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar. Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

Escuchamos hoy nuevamente esta parábola.  La hemos meditado el domingo 12 de julio en la versión del evangelista San Mateo.  Ahora, en la versión de San Lucas.  El evangelista Lucas va diseminando, a lo largo de todo su evangelio, una abundante enseñanza de Jesús en parábolas.

Aquí refiere la primera, la más famosa, y para él, también la más importante: la parábola del sembrador.  Sin embargo, para ser más exactos, habría que llamarla “la parábola de la semilla”. Porque, en efecto, la atención del narrador parece concentrarse no tanto en los gestos del sembrador como en el destino de las semillas lanzadas por él.  El comienzo de la explicación que Jesús hace de la parábola va en la misma dirección cuando el Señor afirma: “La semilla es la Palabra de Dios”.

Con toda seguridad, Jesús ya ha advertido las dificultades que tendrán los hombres de su tiempo (y de todos los tiempos) para escuchar su predicación y tal vez también las dificultades que experimentarán sus oyentes para perseverar en la escucha y en la práctica.  La respuesta parece ser afirmativa, si consideramos sobre todo la pregunta que le dirigen sus discípulos y la respuesta de Jesús señalando las diversas situaciones, los terrenos, en los que cae la semilla.

Es lo que Jesús percibió en sus contemporáneos y es lo que sigue sucediendo a lo largo de los siglos.  Son las opciones de los hombres de ayer, de hoy y de todos los tiempos al Mensaje de salvación que, de una u otra manera llega hasta nosotros.

Hoy podemos orar con este hermoso Salmo compuesto por los Hermanos Maristas:

“Tu Reino, Señor Jesús, habita dentro de mí; tu Reino es como un Tesoro escondido dentro de un campo; llevo en el fondo de mi ser la libertad y el amor, la justicia y la verdad, la luz y la belleza.

Llevo dentro de mí el amor de tu Padre que me llama; la gracia de tu amor que me salva y libera, la amistad y comunión de tu Espíritu que me hace fuerte.

¡Tu Reino, Señor, habita dentro de mí: Gracias! Tu Reino, Señor Jesús, está en medio de nosotros. Tu Reino se ha hecho presente en nuestra comunidad.

Tu Reino, Señor Jesús, habita en nuestra Iglesia. Tu Reino está presente en medio de los creyentes. Llevamos en nuestros corazones la semilla de tu Palabra; llevamos en el fondo de nuestro ser el amor de tu Espíritu.

Cuando compartimos los bienes, tu Reino se hace fuerte. Cuando oramos juntos, tu Reino se manifiesta. Cuando ayudamos al necesitado, tu reino se desvela.

Somos, Señor, en tu Iglesia, fermento de tu Reino. Somos, Señor, en tu Iglesia, sal y luz del mundo. ¡Tu Reino, Señor, habita en medio de la Iglesia: Gracias!

Tu Reino, Señor, habita en medio del mundo. Tu Reino está presente-oculto en medio de los hombres. Donde el amor es más fuerte que el odio, allí está tu Reino.

Donde el perdón es más fuerte que la venganza, allí está tu Reino. Donde la verdad es más fuerte que la mentira, allí está tu Reino. Donde la justicia es más fuerte que la opresión, allí está tu Reino.

Donde la libertad es más fuerte que la esclavitud, allí está tu Reino. Donde la ternura es más fuerte que el desamor, allí está tu Reino. ¡Tu Reino, Señor, habita en el corazón de los hombres que se aman: Gracias!

Que tengamos un bendecido día.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí