Inicio Diócesis Un ciego no puede guiar a otro – REFLEXIÓN DEL OBISPO

Un ciego no puede guiar a otro – REFLEXIÓN DEL OBISPO

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VIERNES DE LA VIGÉSIMO TERCERA SEMANA DURANTE EL AÑO

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     6, 39-42

Jesús hizo a sus discípulos esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo?

El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.

¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.»

Palabra de Dios.

Queridos hermanos y hermanas

El evangelio de hoy nos presenta unos pasajes del discurso que Jesús pronunció en la planicie después de una noche pasada en oración (Lc 6,12) y de haber llamado a los doce para que fueran sus apóstoles (Lc 6,13-14). Gran parte de las frases reunidas en este discurso fueron pronunciadas en otras ocasiones, pero Lucas, imitando a Mateo, las reúne aquí en este Sermón.

Jesús cuenta una parábola a los discípulos: “¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?” Parábola de un par de frases, pero que tiene mucha semejanza con las advertencias que, en el evangelio de Mateo, van dirigidas a los fariseos: “¡Ay de vosotros los ciegos!” (Mt 23,16.17.19.24.26) Aquí, en el contexto del evangelio de Lucas, esta parábola va dirigida a los animadores de las comunidades que se consideraban dueños de la verdad, superiores a los otros. Por esto, son guías ciegos.

En la segunda frase del Evangelio de hoy Jesús presenta el binomio: Discípulo – Maestro para indicar: que ningún discípulo es mayor que el maestro; será como el maestro cuando llegue a ser perfecto. Jesús es el Maestro. No es un profesor que da la clase, enseña diversas asignaturas, pero no convive. El maestro convive. Su materia es Él mismo, su testimonio de vida, su manera de vivir aquello que enseña.

La convivencia de los discípulos con el maestro tiene tres aspectos: (1) El maestro es el modelo o el ejemplo que hay que imitar (cf. Jn 13,13-15). (2) El discípulo no sólo contempla e imita, sino que además se compromete con el destino del maestro. (3) No sólo imita el modelo, no sólo asume el compromiso, sino que llega a identificarse al estilo de San Pablo, que al final de su vida decía: “Vivo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Gál 2,20). Este tercer aspecto es la dimensión mística del seguimiento de Jesús, fruto de la acción del Espíritu.

Luego, esa comparación tan conocida de la paja en el ojo del hermano.  La intención de Jesús es suscitar actitudes de vida comunitaria en aquellos a quienes confía su Evangelio, su propuesta de vida nueva.  No hay seguimiento de Jesús sin que cumplamos los mandamientos, sobre todo el del amor al modo de Jesús: hasta el extremo.  Por eso la imagen de la paja en el ojo del hermano y de la viga que puede haber en el nuestro es una invitación a asumir con valor nuestras propias responsabilidades y a no caer en las trampas que en su tiempo habían enredado las prácticas de los fariseos.

Nos ayuden en este día estas palabras del Papa Francisco:

“El apelativo «hipócritas» que Jesús da varias veces a los doctores de la ley en realidad es dirigido a cualquiera, porque quien juzga lo hace en seguida, mientras que Dios para juzgar se toma su tiempo.

Quien juzga se equivoca, simplemente porque toma un lugar que no es suyo. Pero no solo se equivoca, también se confunde. Está tan obsesionado con lo que quiere juzgar, de esa persona -¡tan tan obsesionado!- que esa idea no le deja dormir. … Y no se da cuenta de la viga que él tiene. Es un fantasioso. Y quien juzga se convierte en un derrotado, termina mal, porque la misma medida será usada para juzgarle a él. El juez que se equivoca de sitio porque toma el lugar de Dios termina en una derrota. ¿Y cuál es la derrota? La de ser juzgado con la medida con la que él juzga.

El único que juzga es Dios y a los que Dios da la potestad de hacerlo. Jesús, delante del Padre, ¡nunca acusa! Al contrario: ¡defiende! Es el primer Paráclito. Después nos envía el segundo, que es el Espíritu Santo. Él es defensor: está delante del Padre para defendernos de las acusaciones. ¿Y quién es el acusador? En la Biblia se llama «acusador» al demonio, satanás. Jesús nos juzgará, sí: al final de los tiempos, pero mientras tanto intercede, defiende”.

Con esta reflexión podremos hoy examinarnos para dar un salto de calidad en la práctica del amor cristiano:

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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