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Estén prevenidos – REFLEXIÓN DEL OBISPO

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JUEVES DE LA VIGÉSIMO PRIERA SEMANA DURANTE EL AÑO

MEMORIA DE SANTA MÓNICA

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     24, 42-51

Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor, que piensa: «Mi señor tardará», y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

La lectura del Evangelio que acabamos de escuchar se encuentra en el llamado “discurso escatológico” que San Mateo pone en los labios de Jesús en los capítulos 24 y 25 de su evangelio.  Este discurso está compuesto por la descripción de las tribulaciones de Jerusalén y de las persecuciones por las que pasa la Iglesia, por el anuncio de la crisis cósmica que precederá al final y por la consecuente necesidad de vigilancia.

El objetivo del discurso no es infundir miedo; al contrario, pretende animar.  La historia no tiene sólo un final, sino una consumación: el mundo no camina hacia las catástrofes, aunque las habrá, sino que se abre a una nueva belleza.  San Pablo dirá que la vida humana es toda ella un trabajo de parto para alumbrar la nueva creación (Rm. 8, 19 ss.).

Desde esta perspectiva, Jesús exhorta a la vigilancia en la espera, e ilustra este tema con cuatro parábolas, la primera de las cuales es la que nos presenta hoy la Liturgia.  Las palabras claves son: “velen”; “estén preparados”.  Porque si bien es cierta la venida del Señor, el momento no lo sabemos.

La imagen del ladrón da viveza al sentido de improviso: era una imagen muy conocida en la Iglesia primitiva.  No sólo es el amo el que debe velar la casa: también deben hacerlo los servidores que aman al amo y a la casa.  El servidor “fiel y sensato” hace las veces del amo, se muestra amoroso y responsable en las tareas que le son confiadas.  Hace lo contrario del criado malo que al ver que no llega el amo, se aprovecha para dar rienda suelta a los placeres desenfrenados, se pone a hacer de amo derrochando los bienes y maltratando a sus compañeros.  Es de esperar que el final de estos dos criados sea muy diferente.

Tratando de aplicar esta lectura a nuestra vida, nos ayudará pensar que debemos tener presente siempre nuestra finitud.  Quien olvida el pensamiento sobre su propio final no llegará nunca a la madurez de la vida, permaneciendo en la superficie de la misma.

Por largo o corta que sea nuestra vida en la tierra, no somos dueños absolutos de ella; somos, más bien, sus administradores.  La rendición de cuentas final es necesaria y no podremos escapar de ella.  La responsabilidad nuestra, a semejanza del siervo de la parábola, será presentarnos ante el Señor, amo de nuestra vida, ante los demás compañeros en el camino de la vida mostrando la responsabilidad que hemos puesto en la administración de nuestra vida y en la construcción de la historia.

Nos ayudarán a meditar hoy los versos de un salmo y una de las expresiones vertidas por el Papa Francisco en el marco de la pandemia que vive el mundo:

El Salmo 39, 5-7 nos hace rezar así: “Señor, dame a conocer mi fin, y cuántos van a ser mis días; que me dé cuenta lo frágil que soy.  Me diste sólo un puñado de días, mi vida no es nada ante Ti; el hombre es como un soplo fugaz, como una sombra que pasa; se inquieta por cosas fugaces, atesora, sin saber para quien será”.

Y el Papa Francisco decía el 27 de marzo: “La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades…

En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo…

Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás”

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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