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EL MANDAMIENTO DEL AMOR – REFLEXIÓN DEL OBISPO

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VIERNES DE LA VIGÉSIMA SEMANA DURANTE EL AÑO

SAN PIO X – PATRONO DE LOS CATEQUISTAS

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     22, 34-40

“Cuando los fariseos supieron que Jesús había hecho callar a los saduceos, se juntaron en torno a él.  Uno de ellos, que era maestro de la Ley, trató de ponerlo a prueba con esta pregunta: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?».

Jesús le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el gran mandamiento, el primero. Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.»”

Palabra del Señor

 

Queridos hermanos y hermanas:

Los capítulos 21 y 22 del Evangelio de San Mateo nos refieren diversas intervenciones de los grupos religiosos judíos adversos a la enseñanza de Jesús, que le plantean diversas cuestiones con el fin de tenderle trampas para poder encontrar motivos de acusación contra él.

Hoy entran en acción los fariseos, entendidos y observantes de la Escritura.  La cuestión tiene que ver con el mandamiento más importante de la Ley.  El fondo de la cuestión es complejo y también la motivación que los trae es insidiosa: “para ponerlo a prueba”.

Los fariseos habían hecho derivar 613 preceptos de las exigencias de la Torá; de ellos 365 eran prohibiciones y 248 mandamientos positivos.  Frente a esta gran cantidad de prescripciones tiene sentido querer saber cuál es el mandamiento más importante.  Sin embargo, Jesús no se sitúa en la lógica de una jerarquía de mandamientos.  Recuerda, más bien, la esencia de la Ley, orienta la atención hacia el principio que la inspira y hacia la disposición interior a observarla.  La respuesta de Jesús es clara y precisa: la fuente y el cumplimiento de la Ley es el amor en su doble movimiento: hacia Dios y hacia el prójimo.

Al hablar del amor a Dios, Jesús hace referencia al libro del Deuteronomio, donde en el capítulo 6, versículo 5 se subraya la totalidad, la intensidad y la autenticidad del amor. “Con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”.  Ahora bien, junto con el amor de Dios – y a su mismo nivel – pone el amor al prójimo.  Son dos dimensiones inseparables.  Sólo quien ama a Dios con todo su ser es consciente de ser amado por él, sabe amarse a sí mismo y sabe amar al prójimo como a alguien amado por el mismo Dios.  Aquí se encuentra la síntesis de toda la ley y los profetas, es decir, el núcleo esencial de la revelación de la voluntad de Dios para todos sus hijos.

Pasando ahora a hacer un recuerdo muy importante, sabemos que la Iglesia celebra cada 21 de agosto el Día del Catequista, en conmemoración del papa San Pío X.  Ese Papa tuvo una actuación preponderante a favor de la catequesis e hizo posible, entre otras cosas, impartir los sacramentos a los niños.

Impulsó la enseñanza del Catecismo porque sabía que apartar de la ignorancia religiosa era el inicio del camino para recuperar la fe que en muchos se iba debilitando y perdiendo.

Indudablemente fue adoptado por la gente como patrono de los catequistas por su sencillez, sus raíces rurales que jamás dejó de lado y por su ardor misionero y evangelizador.

Quiero desearles a todos los catequistas un feliz día y agradecerles la enorme tarea de servicio que prestan a la Iglesia con su testimonio de fe, con la paciencia y el cariño, acompañando a cada uno de los niños, adolescentes, jóvenes y adultos que se ponen bajo su guía para conocer mejor a Dios y para amarlo con todo nuestro ser como nos enseña la lectura del Evangelio que hemos escuchado hoy.

Una joven que había pasado de niña por una de las Parroquias donde fui Párroco, teniendo ya cerca de 30 años me hizo la gracia de escuchar de sus labios que “en la catequesis había aprendido a conocer a Jesús y a no quererse separar nunca de él”.  Esa es la obra tan hermosa que ustedes hacen, queridos catequistas.  No dejen de prepararse siempre con la oración, con la invocación al Espíritu Santo, con la lectura meditada de la Palabra de Dios, para que se haga vida en ustedes el Mensaje de amor que llevan a los demás.

Les deseo un muy feliz día a todos los catequistas.  Y les envío mi bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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