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San Maximiliano Kolbe _ La reflexión del Obispo

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VIERNES DE LA DÉCIMO NOVENA SEMANA DURANTE EL AÑO

MEMORIA DE SAN MAXIMILIANO KOLBE

 

+ Lectura del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Juan 15, 12-17

Jesús dijo a sus discípulos:

 Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.  Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.

  • Palabra de Dios

Queridos hermanos y hermanas: Este viernes la Iglesia celebra la memoria de San Maximiliano María Kolbe.  He tomado la lectura de este evangelio que acabamos de escuchar para meditar desde la Palabra de Dios en el testimonio tan hermoso que nos dejó este santo.

Los discípulos de Jesús sabemos que debemos amarnos los unos a los otros a imagen de Jesús, hasta la entrega suprema de nosotros mismos que es la cumbre del amor. Así somos amigos de Jesús y sus verdaderos seguidores, al poner en práctica el mandamiento nuevo del amor; él nos ofrece a cambio su amistad.   Así lo entendió y lo vivió San Maximiliano de quien vamos a conocer ahora algunos datos de su vida.

San Maximiliano María Kolbe nació en Polonia, el 7 de enero de 1894 y murió en el campo de concentración nazi de Auschwitz, el 14 de agosto de 1941.

San Maximiliano perteneció a los Conventuales Franciscanos, entre quienes se distinguió por su preparación intelectual (físico, filósofo y teólogo) y su capacidad de organización. Este santo polaco se destacó por utilizar los medios de comunicación para la evangelización: creó varias centrales misioneras, una radiodifusora para dar a conocer la Palabra de Dios y una pequeña casa editorial que lanzó dos publicaciones El Pequeño Diario y El Caballero de la Inmaculada, de las que al principio fue redactor, tipógrafo, impresor y distribuidor y que con el tiempo alcanzaron tirajes de millones de ejemplares.

Durante la Segunda Guerra Mundial los nazis lo tomaron preso y lo llevaron al campo de concentración de Auschwitz, donde a pesar de ser sometido a trabajos forzados se dedicó a brindar auxilio espiritual a sus compañeros. Un día un preso escapó y en represalia los nazis decidieron enviar a diez presos a la ‘cámara de hambre’, un calabozo donde experimentaban con los presos, dejándolos morir de inanición para ver cuánto duraban.

Uno de los diez elegidos suplicó: ‘¡no me maten!, ¡tengo mujer e hijos!’ Al instante, el padre Kolbe se adelantó y pidió que lo pusieran a él en lugar de aquel hombre. Sorprendentemente los nazis no los mataron a ambos en el acto, como era su costumbre ante cualquier insubordinación, sino que permitieron al sacerdote ocupar el lugar del preso. El padre Maximiliano Kolbe sobrevivió a sus nueve compañeros y por fin los nazis lo hicieron morir mediante una inyección letal.

Fue beatificado por el Papa Paulo VI, el 17 de octubre de 1971, y canonizado por S.S. Juan Pablo II el 10 de octubre de 1982, como mártir con el título de “Patrono de nuestro difícil siglo” y “Patrono de los periodistas en todas las ramas de las comunicaciones sociales”.

Los santos son modelos e intercesores para nosotros que todavía peregrinamos en este mundo hacia su Reino.  Pidamos hoy al Señor imitar los ejemplos que nos diera este santo que hoy recordamos y que su intercesión nos ayude a hacer efectiva en nosotros la gracia de Dios que siempre nos estimula a dar nuestra vida cada día en el servicio de amor a Dios y a los hermanos.

Oramos con la oración con que la Liturgia celebra hoy la memoria de este santo:

Señor Dios, que encendiste a san Maximiliano María, presbítero y mártir, en amor a la Virgen Inmaculada y lo colmaste de celo por la salvación de las almas y de caridad hacia el prójimo, concédenos, por su intercesión que, solícitos en el servicio a los hermanos por la gloria divina, nos hagamos semejantes a tu Hijo, que dio su vida por nosotros. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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