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SAN CAYETANO – Reflexión del obispo

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SAN CAYETANO

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     16, 24-28

Entonces Jesús dijo a sus discípulos:

«El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino.»

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

Siguiendo al Evangelio de San Mateo, vemos que Jesús poco a poco ha dado a conocer a los suyos su verdadera identidad de Mesías y el camino sufriente que emprenderá a través de su pasión, muerte y resurrección para hacernos partícipes de su Reino.  Ahora habla de aquellos que desean seguirlo. La suerte del discípulo no será diferente de la del Maestro; más aún, toda actitud y toda decisión del discípulo tendrá significado para su relación con la vida del Maestro.

La escala de valores y de prioridades está determinada, en consecuencia, por la referencia a la Persona de Jesús, cuyo recorrido histórico de sufrimiento vivido en el amor, habrá de apropiárselo el discípulo.  Éste experimentará la paradoja de “perder para conservar”, del “morir para vivir”.  Con sus obras manifestará la decisión fundamental de poner a Jesús, y no a sí mismo, en el centro de su vida; su recompensa la recibirá en el momento del juicio.

El Papa Francisco nos recordaba que: «No se trata de una cruz ornamental, o de una cruz ideológica, sino que es la cruz del propio deber, la cruz del sacrificarse por los demás con amor —por los padres, los hijos, la familia, los amigos, también por los enemigos—, la cruz de la disponibilidad para ser solidarios con los pobres, para comprometerse por la justicia y la paz. Asumiendo esta actitud, estas cruces, siempre se pierde algo. No debemos olvidar jamás que “quien perderá la propia vida [por Cristo], la salvará”. Es un perder para ganar.»

En este camino de la vida cristiana tenemos numerosos ejemplos en la vida de los santos para animarnos y acompañarnos en nuestras opciones en orden al seguimiento de Cristo.  Particularmente hoy que celebramos a San Cayetano, tan popular entre nosotros, por su providencia con el pan y el trabajo de aquellos que lo invocan.

San Cayetano dedicó su vida a las personas enfermas y vulnerables, fundó hospitales, hogares de ancianos y renovó el trabajo misionero de los sacerdotes.

Este año, muchos de nosotros no podremos peregrinar a sus santuarios y capillas debido a la pandemia, pero renovaremos interiormente nuestra devoción hacia su persona.  La pandemia, además de las consecuencias sanitarias tan graves, trae aparejada también importantes consecuencias económicas, tanto para la vida de las naciones, como de los hogares, particularmente de los más humildes.

En nuestra patria, donde hace años en que el trabajo no abunda, ahora más que nunca se suman importantes cantidades de nuevos desocupados, de precarizados que no pueden trabajar y de familias enteras que no pueden subsistir, si no es con alguna ayuda recibida del Estado o de la caridad del prójimo, que sólo llega a hacer posible paliar un poco la miseria.

Como hombres y mujeres de fe, nosotros volvemos hoy a través de San Cayetano, nuestra mirada al Dios Padre providente para suplicarle que nos auxilie en este momento tan dramático.  Que aquellos que puedan dar trabajo a sus hermanos, lo hagan con generosidad; que los que podemos compartir nuestros bienes con los que pasan más angustias, no nos hagamos los distraídos; que los que tienen que diseñar las políticas inclusivas y desarrollar los planes de asistencia social lo hagan denodadamente y sin intereses políticos ni partidarios.

“Oh glorioso San Cayetano! Aclamado por todas las Naciones; Padre de Providencia, porque con portentosos milagros socorres a cuantos te invocan con fe en sus necesidades. Te suplicamos nos obtengas del Señor oportuno Socorro en las angustias presentes y sea ello prueba de la bienaventuranza eterna. Amén.

San Cayetano, ruega por nosotros

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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