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SANTA MARTA – reflexión del obispo

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MIÉRCOLES DE LA DÉCIMO SÉPTIMA SEMANA DURANTE EL AÑO

SANTA MARTA

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     10, 38-42

En aquel tiempo:

    Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.

    Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.

    Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude.»

    Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada.»

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, celebra la Iglesia el 29 de julio la memoria de Santa Marta. Las noticias sobre Marta de Betania, ciudad a pocos kilómetros de Jerusalén, las encontramos en los Evangelios. Hermana de Lázaro y María, sus trazos son los de una mujer diligente y meticulosa, seguramente una de las primeras en creer en Jesús. Lo hospeda en su casa varias veces, de camino a la predicación en Judea.

Y es el retrato del Evangelio de San Lucas el que ofrece más detalles de Marta, describiéndola en su cotidianeidad. Tal como lo leemos hoy en la lectura que hemos escuchado, una de las veces en que Jesús se encuentra a la mesa con los amigos de Betania, el evangelista describe la escena tan viva y hermosa que ocupa hoy nuestra meditación.

El Maestro reprende a Marta, para hacerle comprender que su encomiable laboriosidad, corre el riesgo de hacerle descuidar su vida interior. Es una advertencia que nos hace reflexionar sobre lo importante que es nutrir nuestra vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios, porque es la Palabra de Dios la que da el sentido a la actividad cotidiana.

De cualquier modo, por su amorosa dedicación para ofrecer al huésped un descanso confortable en su casa, Marta es reconocida por la Iglesia como modelo de laboriosidad. En tanto que Marta y María son respectivamente el ejemplo de la acción y de la contemplación, de la vida activa y de la oración, dos aspectos que no deben faltar en un cristiano, y que no deben contraponerse, sino ser complementarios.

Siguiendo con los testimonios que el Evangelio nos presenta sobre esta mujer, en otro momento, con ocasión de la muerte de su hermano Lázaro, Marta también ha dejado un fuerte testimonio de fe. De las palabras que dirige a Jesús, que llega cuatro días después de la muerte de Lázaro, sale una confianza total, que no duda.

Marta tiene una fe ilimitada en Dios, incluso frente a aquello que a los hombres les resulta imposible. «Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. Dijo Marta a Jesús: “Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá”». Esto ya representa una extraordinaria profesión de fe, pero el coloquio de Marta y Jesús continúa.

Y de esta simple mujer de Betania aprendemos lo que significa creer en Jesucristo. «Le dice Jesús: “Tu hermano resucitará”. “Ya sé, le respondió Marta, que resucitará el último día, en la resurrección”. Jesús le respondió: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” Le dice ella: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo”» (Jn 11, 20-27). Es la esencia del cristianismo. Marta en su respuesta, condensa toda su fe, que es también la fe de todo creyente. Una pequeña respuesta en la cual, cada cristiano encuentra su propósito de vida.

La tradición narra que, después de las primeras persecuciones contra los cristianos, Marta, María y Lázaro, y otros discípulos que seguían a Jesús, dejaron su tierra y llegaron hasta Saintes-Maries-de-la-Mer, en Provenza, donde llevaron la fe cristiana. Fueron los franciscanos, en 1262, los que primero celebraron Santa Marta el 29 de julio, ocho días después de la fiesta de Santa María Magdalena.

Pidamos hoy a Santa Marta:

Oh Santa Marta dichosa, que tantas veces tuviste el honor y la alegría de hospedar a Jesús en el seno de tu familia, de prestarle personalmente tus servicios domésticos, y que juntamente con tus santos hermanos Lázaro y María, gozaste de su divina conversación y doctrina, ruega por mí y por mi familia, para que en ella se conserve la paz y el mutuo amor. Que sí sea

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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