Inicio Diócesis El Hijo del hombre es dueño del sábado – REFLEXIÓN DEL OBISPO

El Hijo del hombre es dueño del sábado – REFLEXIÓN DEL OBISPO

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VIERNES DE LA DÉCIMO QUINTA SEMANA DURNTE EL AÑO

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     12, 1-8

Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.

Al ver esto, los fariseos le dijeron: «Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado.»

Pero él les respondió: «¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?

¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?

Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo. Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado.»

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

El evangelista Mateo cuenta en este pasaje una de las numerosas controversias entre Jesús  y los fariseos respecto de la observancia del precepto que mandaba guardar el día sábado como día de descanso, en el cual no se podía realizar casi ningún trabajo.  La ley así lo decía, aunque fuera un trabajo urgente, como las labores del campo en los tiempos de cosecha.

La antigua institución del sábado como día de reposo dedicado a Dios, que “descansó el día séptimo de todo lo que había hecho” (Gn. 2,2), había tomado una gran importancia durante el exilio en Babilonia y en el período posterior, convirtiéndose, por tanto, en una ley férrea en el judaísmo hasta los tiempos de Jesús.  El precepto del sábado, vivido al principio como día de alegría para todos, en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto y como anticipación del reposo escatológico, en el que toda creatura participará del reposo del mismo Dios, se había convertido en una casuística opresora y vinculante de lo que estaba prohibido o permitido, una casuística en torno a la cual divergían las distintas escuelas rabínicas.

La afirmación que hace Jesús hoy: “El hijo del hombre es señor del sábado” tiene un alcance desconcertante.  Afirma, en primer lugar, que Jesús tiene una autoridad superior a la de Moisés, en virtud de su relación especial con el Dios a quien se quiere honrar observando el precepto del sábado.  Él y solo él puede establecer lo que es lícito y lo que no lo es.  Jesús, revelador del amor del Padre, vuelve a situar al hombre en el centro del verdadero culto: rendir honor a Dios no puede estar separado del estar atentos al hombre, a quien Dios ha creado y ama.

En consecuencia, no puede haber conflicto entre la ley religiosa y las exigencias del amor.  La historia de Israel, dado que el carácter sagrado de los panes de la ofrenda no impidió a David y a sus hambrientos hombres alimentarse de ellos, lo confirma.

El Dios misericordioso busca misericordia y no el sacrificio, como mostrará Jesús poco después curando al hombre de la mano atrofiada.  SI los mismos sacerdotes deben infringir la norma del sábado para ejercer su ministerio, tanto más pasarán estas a segundo plano, frente a las exigencias del amor al hombre, signo imprescindible del amor y de la obediencia al Dios del amor.

Pidamos hoy al Señor vivir con los pies bien plantados en la tierra, atentos a las situaciones concretas del prójimo, y, al mismo tiempo, teniendo el corazón en el Cielo, sumergido en la misericordia de Dios: “Permite, Señor, que ésta sea mi actitud, mi estilo de vida. No evadir egoístamente los problemas, afrontarlos sabiendo que Tú estás conmigo, viviendo auténticamente mi libertad, dando a mi vida la trascendencia para la cual fue creada”. Que así sea.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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