Inicio Diócesis NO TEMAN – REFLEXION DEL OBISPO

NO TEMAN – REFLEXION DEL OBISPO

25
0

SABADO DE LA DÉCIMOCUARTA SEMANA DURANTE EL AÑO

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     10, 24-33

Jesús dijo a sus apóstoles:

«El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño. Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa! No los teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.

¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.»

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio que leíamos ayer nos ponía fuertemente frente a las exigencias de la misión, que incluyen consecuencias extremas, como pueden ser la persecución y la muerte. Hoy Jesús introduce en su discurso un tema que está muy metido en la Biblia y que es la invitación a no tener miedo.  Para que nos demos una idea la invitación a no temer frente al mal apoyándonos en el Señor, aparece con diversos matices 366 veces en la Biblia.

Aquí, de modo imperativo Jesús nos invita una y otra vez a no temer. Y una y otra vez nos da también los motivos por los cuales no debemos tener miedo.

El primer motivo es este: aunque el bien está ahora como velado y la astucia y la virulencia del mal parecen ocultarlo, se producirá finalmente una inversión total y veremos, en el triunfo de Cristo, el triunfo de todos aquellos que han elegido el camino del bien.

Por esto es que el Señor anima a los suyos a ser valientes en el anuncio.  Lo que ofrecemos a los hombres es como una pequeñita llama que debe brillar en las tinieblas; es como un susurro al oído que debe ser gritado a los hombres por todos los medios posibles a nuestro alcance. Y aunque el precio sea la muerte, el discípulo debe saber que la muerte del cuerpo será siempre un hecho natural que hemos de afrontar con paz, sobre todo cuando estamos seguros de que nada ni nadie, si vivimos y anunciamos el Evangelio, podrá matar la vida en nosotros, puesto que el verdadero mal que puede matar esta vida y la otra vida es el pecado.

La argumentación de Jesús sobre las razones para no tener miedo se une, a continuación, a dos imágenes muy tiernas y elocuentes: la de los pájaros, que aunque tienen un precio irrisorio, son objeto del amor providente del Padre, y la de los cabellos de nuestra cabeza, que el Padre tiene contados a todos.  El Señor nos invita a que no dejemos que el miedo ocupe algún lugar en nosotros para que nos decidamos a dedicarnos enteramente a dar testimonio de Cristo y del Evangelio.

El Papa Benedicto XVI nos enseñaba: “También nosotros, en la oración debemos ser capaces de llevar ante Dios nuestras fatigas, el sufrimiento de ciertas situaciones, de ciertas jornadas, el compromiso cotidiano de seguirlo, de ser cristianos, y también el peso del mal que vemos en y alrededor de nosotros, porque Él nos da esperanza, nos hace sentir su cercanía, nos da un poco de luz en el camino de la vida. […] Cada día en la oración del Padre Nuestro le pedimos al Señor: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo». Reconocemos, por ello, que hay una voluntad de Dios con nosotros y para nosotros, una voluntad de Dios en nuestras vidas, que debe convertirse cada día más en la referencia de nuestro querer y de nuestro ser; reconocemos entonces que es en el «cielo» donde se hace la voluntad de Dios y que la «tierra» se vuelve «cielo», lugar de la presencia del amor, de la bondad, de la verdad, de la belleza divina, solo si en ella se hace la voluntad de Dios”.

Con estos sentimientos vivamos este día con toda nuestra confianza puesta en el Señor que como Padre bueno nunca nos dejará solos.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí