Inicio Diócesis Vengan a mí- Reflexión del obispo

Vengan a mí- Reflexión del obispo

324
0

DOMINGO DE LA DÉCIMOCUARTA SEMANA DURANTE EL AÑO (A)

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     11, 25-30

    Jesús dijo:

    Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.

    Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

    Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

Palabra del Señor.

 

Queridos hermanos y hermanas:

En este domingo leemos estas hermosas palabras de Jesús que nos presenta la liturgia siguiendo este año el evangelio de Mateo.  El evangelista ha recogido tres llamadas de Jesús que nos hará muy bien escucharlas con atención ya que pueden transformar el clima de desaliento, cansancio y aburrimiento que a veces podemos encontrar en nosotros mismos o en algunos grupos de creyentes que viven apáticamente su fe y su compromiso cristiano.

«Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré».

Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que viven la fe cristiana como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón continuo de Dios. Si se encuentran con Jesús se sentirán aliviados.

Hay también cristianos cansados de vivir su religión rutinariamente, sin estímulos. Si se encontrarían con Jesús aprenderían a vivir confiando en un Dios Padre. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirían a Jesús no por obligación, sino por atracción.

«Cargen con mi yugo, porque es llevadero, y mi carga, ligera».

Es la segunda llamada. Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros, pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir.

Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.

«Aprendan de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas».

 

Es la tercera llamada. Tenemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica la vida. La hace más clara y sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no ha vivido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.

Tenemos de centrar nuestros esfuerzos en buscar una relación más viva con Jesús en nuestras vidas y en todas nuestras comunidades, tan necesitadas de aliento, descanso y paz. El encuentro con Jesús cambia nuestra vida.  El Papa Benedicto XVI nos decía en su Encíclica “Deus Caritas est”: “ No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y con ello, una orientación decisiva” (1).

Y los Obispos latinoamericanos reunidos en Aparecida nos recordaban: “Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir ese tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado. (18)

Vivamos este domingo con la alegría y el entusiasmo de nuestro encuentro renovado con el Señor que hace nuevas todas las cosas.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

Artículo anteriorLo nuevo y lo viejo- REFLEXIÓN DEL OBISPO
Artículo siguienteLa cosecha es abundante y los trabajadores pocos. REFLEXIÓN DEL OBISPO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí