Inicio Diócesis Jesús expulsa demonios- REFLEXIÓN DEL OBISPO

Jesús expulsa demonios- REFLEXIÓN DEL OBISPO

14
0

MIERCOLES DE LA DÉCIMO TERCERA SEMANA DURANTE EL AÑO.

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     8, 28-34

Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. Y comenzaron a gritar: «¿Que quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?»

A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo. Los demonios suplicaron a Jesús: «Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara.» El les dijo: «Vayan.» Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.

Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados. Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.

Palabra del Señor.

Queridos Hermanos y Hermanas.

Realmente no es fácil desentrañar todos los sentidos de este texto de San Mateo. Lo que sí parece claro es que se plantea un enfrentamiento entre Cristo, el Hijo de Dios, la encarnación del Bien y el Amor, contra el Mal en toda su oscura y profunda oscuridad.

En la escena que se nos presenta, Jesús exorciza a dos personas que quedan liberadas de su mal. Pero este milagro provoca un efecto inesperado en el entorno: la muchedumbre le pide a Jesús que se vaya de ese lugar. Así, aunque Cristo ha venido para salvarnos del mal y la muerte definitiva, y sale constantemente a nuestro encuentro “mirándonos con cariño”, esperando siempre, invitándonos a romper con la inercia del pecado y brindándonos la verdadera opción de una vida con sentido de plenitud y de eternidad, hay frenos, temores y de algún modo rechazo en diversas personas.

Jesús realiza los llamados signos del Reino, los que no siempre encuentran lugar en el corazón de las personas porque el pecado está bien presente; eso nos transmite el texto: los endemoniados viven en un escenario de muerte sin norte ni horizonte de esperanza, la piara de animales representa la resistencia organizada al Dios de la Vida, del Sentido… y finalmente el abismo y el mar, es decir, la Nada, el Caos…

Ante el Evangelio de hoy mirando a los “endemoniados” podemos preguntarnos: ¿cuáles son mis “demonios” –los que me hacen ir por la vida sin vida, con ira, asustando a los demás-? Pero también, mirando a la gente, podemos preguntarnos: ¿cómo reacciono ante los “demonios” de otros y ante sus posibles cambios?

Nos ayuda pensar hoy estas palabras del Papa Francisco:

“Desencuentros familiares, desencuentros testimoniales, desencuentros en el anuncio de la Palabra, y del mensaje, desencuentros de guerras, desencuentros de familias, o sea el desencuentro, la división, es el arma que el demonio tiene. Y entre paréntesis les digo que el demonio existe. Por si alguno tiene dudas, ¿no? Existe y se las trae. Existe y se las trae.

 

Y el camino es el desencuentro que lleva a la pelea, la enemistad. Babel, ¿no? Así como la Iglesia es ese templo de piedras vivas, que edifica el Espíritu Santo, el demonio edifica ese otro templo de la soberbia, del orgullo, que desencuentra, porque cada cual no se entiende, porque habla cosas distintas, que es Babel, ¿no?

De ahí que tenemos que trabajar por una cultura del encuentro. Una cultura que nos ayude a encontrarnos como familia, como Iglesia, como parroquia. Siempre buscar cómo encontrarse”. (S.S. Francisco, al Movimiento de Schoenstatt, 24 de octubre de 2014)

Confiados en saber que quien está unido a Cristo cuenta con la ayuda poderosa de su gracia para resistir a todo lo que nos quiera apartar de Dios, vivamos este día reforzando a través de la oración y el servicio a los demás, nuestra comunión con Él.  Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí