Inicio Diócesis La curación del leproso – REFLEXIÓN DEL OBISPO

La curación del leproso – REFLEXIÓN DEL OBISPO

24
0

VIERNES DE LA DUODÉCIMA SEMANA DURANTE EL AÑO

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     8, 1-4

Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud. Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: «Señor, si quieres, puedes purificarme.» Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.» Y al instante quedó purificado de su lepra.

Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarse al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio.»

Palabra del Señor.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Comenzamos a leer estos días el capítulo 8 del Evangelio de San Mateo comenzando una sección literaria donde el evangelista reúne 18 milagros que serán la prueba de que la palabra que el Señor anuncia y hace con autoridad, está autenticada con la fuerza poderosa de estas señales que acreditan su Persona y su mensaje.

La lectura de hoy nos presenta el primero de 3 milagros que tienen como marco la salida misionera de Jesús por Cafarnaún y sus alrededores y que tienen como destinatarios a personas golpeadas por la desgracia.  Ante esta desgracia, Jesús no tiene reparos en infringir ciertas normas legales que impedían a los judíos piadosos tocar a los enfermos o entrar en casa de paganos.  Estas personas marginales serán objeto de la atención del Señor y de su poder sanador.

En este caso, el leproso pide a Jesús que lo “purifique”, consciente de que su enfermedad es considerada como fruto del pecado y expresión de impureza legal.  Por eso Jesús, que ha venido a cumplir la Ley, envía al leproso al sacerdote para que verifique la curación que ha tenido lugar.

El leproso representa a todo el género humano afectado por el peso y las consecuencias del pecado y, junto con centurión y la suegra de Pedro (de los que habla el evangelio de mañana), constituyen los ejemplos elegidos por el evangelista para mostrar la cercanía de Jesús a tres categorías de personas que estaban al margen del mundo judío (los enfermos incurables, los paganos y las mujeres).

Vemos que en el texto de hoy, el leproso se postra delante de Jesús como señal de veneración.  Y de por sí, esto es todo un acto de fe, tal como lo hacemos nosotros en nuestras prácticas religiosas cuando nos arrodillamos ante la presencia del Señor en su presencia real en la Eucaristía.  El leproso lo llama también “Señor” y en este título resuena también el respeto y la veneración con que nosotros también nos dirigimos tantas veces en nuestra oración al Señor.

Ahora pongámonos en el lugar del leproso y cada uno de nosotros piense en sus enfermedades, sobre todo, en nuestras enfermedades espirituales.  Cada uno de nosotros fue creado con una belleza y grandeza especial al salir de las manos del Creador.  Y todos nosotros luchamos a lo largo de nuestra vida contra aquello que afea nuestra imagen y dignidad de los hijos de Dios que es el pecado.

Hoy pongámonos humildemente como este leproso ante el Señor Jesús y le mostremos nuestras enfermedades, nuestras miserias, nuestras limitaciones y sobre todo, nuestra incapacidad de vivir plenamente la vida de la gracia y de amarlo a Él y a nuestros hermanos con un amor generoso y total, sin egoísmos ni mezquindades.  Mostrémosle todo lo que afea nuestra dignidad de hijos de Dios y pidámosle que nos purifique, que nos sane del egoísmo radical y de la incapacidad de amar plenamente.

Hagámoslo con la fe del leproso y si no nos alcanza, pidamos al Señor que nos aumente la fe para que podamos contemplar en nuestras vidas las maravillas que Dios es capaz de hacer cuando encuentra tierra fértil y dispuesta para dejarse transformar y recrear por el amor infinito y poderoso de Dios.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí