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NACIMIENTO DE S.J. BAUTISTA – Reflexión del obispo

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MIÉRCOLES DE LA DUODÉCIMA SEMANA DURANTE EL AÑO

NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     1, 57-66. 80

       Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.

      A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan.»

      Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre.»

      Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan.»

      Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

      Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.

      El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.

Palabra del Señor

 

Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos hoy la fiesta del nacimiento de San Juan Bautista. “La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja”, explicaba el Obispo San Agustín (354-430) en sus sermones ya en los primeros siglos del cristianismo.

“Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan”, añadía el Santo Doctor de la Iglesia.

San Juan Bautista nació seis meses antes de Jesucristo. En el primer capítulo de San Lucas, unos versículos antes del texto que leemos hoy en la liturgia, se narra que Zacarías, el padre de Juan Bautista, era un sacerdote judío casado con Santa Isabel y no tenían hijos porque ella era estéril. Estando ya de edad muy avanzada, el ángel Gabriel se le apareció a Zacarías de pie a la derecha del altar.

El mensajero divino le comunicó que su esposa iba a tener un hijo, que sería el precursor del Mesías, y a quien pondría por nombre Juan. Zacarías dudó de esta noticia y Gabriel le dijo que quedaría mudo hasta que todo se cumpla.  Meses después, cuando María recibió el anuncio de que sería madre del Salvador, la Virgen partió a ver a su prima Isabel y se quedó ayudándole hasta que nació San Juan.  Luego continúa el relato con el texto que leemos hoy.

 

Sabemos que la misión de San Juan Bautista fue preparar el camino a Jesús.  Y cada uno de nosotros podemos hoy mirar nuestra vocación cristiana a la luz de la vocación de San Juan Bautista.  Porque también nosotros estamos llamado a preparar el camino para que el Señor llegue a reinar en la vida de nuestros semejantes y en el mundo en que vivimos.

Estamos llamados todos los cristianos a cumplir con la misión que adquirimos el día de nuestro bautismo: ser testigos de Cristo viviendo en la verdad de su Palabra; transmitir esta verdad a quien no la tiene, sobre todo por medio de nuestra palabra y ejemplo de vida.

El ejemplo de San Juan Bautista nos enseña a reconocer a Jesús como lo más importante y como la verdad que debemos seguir. Él se jugó la vida por Jesús: precursor de su nacimiento y de su martirio.  Pidamos al Señor hoy ponernos en la huella de todos estos testigos de la Verdad y del Amor que siguiendo a Cristo lo más perfectamente posible se hicieron una Palabra viva con el Mensaje evangélico y se identificaron de tal manera con él que recibieron la gracia de confirmar ese testimonio con la entrega de la vida.

Quizá a nosotros no se nos pida dar la vida de una vez en el martirio.  Pero, no estamos exentos de dar la vida día a día en el intento de ser fieles a nuestra vocación cristiana.  Que San Juan Bautista nos anime hoy con su ejemplo y con su vida y su intercesión nos ayude a seguir los pasos de Jesús día a día y hasta el último aliento de nuestra vida.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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