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SAN BERNABÉ – Reflexión del obispo

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JUEVES DE LA DECIMA SEMANA DURANTE EL AÑO

MEMORIA DE SAN BERNABE, APOSTOL

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     10, 7-13

 

Jesús envió a sus doce apóstoles, diciéndoles:

    Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.

    Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.

Palabra del Señor.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Celebra hoy la Iglesia la memoria de San Bernabé, apóstol. A pesar de que San Bernabé no fue uno de los Doce elegidos por Jesucristo, es considerado Apóstol por los primeros Padres de la Iglesia, aún por San Lucas, a causa de la misión especial que le confió el Espíritu Santo y de su activa tarea apostólica.

Bernabé era un judío de la tribu de Levi, había nacido en Chipre; su nombre original era el de José, pero los Apóstoles lo cambiaron al de Bernabé que significa ‘hijo de la consolación’.  Como se dice en los Hechos de los Apóstoles, fue un hombre de gran fe, y al entrar en la comunidad cristiana, vendió todos sus bienes y los puso a disposición de los Apóstoles (Hch. 4, 36 ss).

El Santo fue elegido para llevar el Evangelio a Antioquía, instruir y guiar a los neófitos. Para esta misión obtuvo la cooperación de San Pablo. Los dos predicadores obtuvieron gran éxito; Antioquía se convirtió en el gran centro de evangelización y fue ahí donde, por primera vez, se dio el nombre de Cristianos, a los fieles seguidores de Cristo.  Desde aquí partió con Pablo para el primer viaje misionero.  Murió mártir en la tierra donde había nacido, en la isla de Chipre.

Ilustra hoy la Iglesia la celebración de San Bernabé con las palabras del Evangelio que acabamos de escuchar.  Este texto pertenece al llamado “discurso misionero” que según San Mateo, Jesús dirigió a sus discípulos durante su ministerio público.

El método misionero que enseña Jesús está caracterizado por dos notas típicas: en primer lugar los misioneros del Reino deben continuar propagando lo que Jesús ha dicho y ha hecho, nada más.  Pero por sobre todo, deben imprimir la más absoluta gratuidad al ministerio que están emprendiendo: no es el oro o la plata lo que debe constituir el centro de su atención, sino solo el deseo de bendecir y beneficiar.  Eso es lo que afirmará San Pedro en uno de sus famosos discursos: “No tengo oro ni plata, pero te doy lo que tengo: en Nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar” (Hch.3,6).

Esta gratuidad sólo será realidad en nosotros en la medida en que nuestro corazón sintonice con el corazón de Jesús.  Y nos hará capaces de dar con alegría sin esperar nada a cambio.  Gratuidad es abrir la mano para dar y no cerrarla nunca, incluso aunque rechacen nuestro gesto caritativo.  Y esto será así porque nuestro corazón se habrá educado en la escuela del Evangelio.

Refiriéndose a esta gratuidad nos enseña San Basilio de Cesarea: “Pertenece al hambriento el pan que guardas en tu cocina.  Al hombre desnudo, el manto que está en tu armario.  Al que no tiene zapatos, el par que se estropea en tu casa.  Al hombre que no tiene dinero, el que tienes escondido.  Los juguetes que rompes son los juguetes de los niños desheredados; el alimento que malgastas es el alimento del que está desnutrido; los utensilios que tiras son los utensilios de quien no tiene casa; las obras de caridad que no haces son otras tantas injusticias que cometes”

Quedémonos con estos pensamientos y contemplando a San Bernabé que supo poner sus bienes al servicio de los pobres, pidamos al Señor nos ayude a dar de corazón, especialmente en este mes de la Caridad.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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