Inicio Diócesis Sal y luz – Reflexión del obispo

Sal y luz – Reflexión del obispo

868
0

MARTES DE LA DECIMA SEMANA DURANTE EL AÑO

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     5, 13-16

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.

Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Continuando el texto de la proclamación de las bienaventuranzas, San Mateo, refiere estas hermosas palabras de Jesús dichas a sus discípulos, hacia aquellos que aún en su pobreza y situación desfavorable han sentido ya la caricia de sentirse bienaventurados.

El que ha asumido esta bendición de ser llamado dichoso por el Señor y para el Reino, se convierte en sal de la tierra y luz para el mundo.  La sal posee muchos significados.  Por de pronto, es un condimento insustituible.  Posee propiedades conservantes.  Se usaba en la realización de algunos sacrificios de la Antigua Alianza, y por consiguiente asumía un carácter consagratorio y, en caso de que hubiera perdido el poder de salar, era pisoteada como un gesto desacralizador.  Por último, la sal alude a la sabiduría y con ella debemos condimentar nuestras palabras.

Los discípulos son también “luz del mundo” como su Señor Jesucristo, que se ha declarado luz del mundo.  Y la luz no es para esconderla, sino para que alumbre a todos los que están en la casa.

El anuncio del Reino que se nos proclamaba ayer en el Evangelio, es tan exigente y liberador que necesita de personas que lo encarnen, que le den cuerpo, personas que salgan a la luz y no se escondan. Las cosas de Dios no pueden ocultarse. El amor de Dios no puede ocultarse. El amor de Dios ha de mostrarse, ha de salir fuera.

Pero, necesita de los discípulos, aquellos que conocen y a quienes les es revelado el programa liberador del Reino, necesita de los que han de ser sal y luz en medio del pueblo. No caben medias tintas para trabajar por el Reino de los Cielos. Nuestra vida ha de ser como la sal, que da sabor al mundo, y como la luz, que alumbra a otros el camino de la vida. Por eso hoy cabe destacar también una palabra del Papa Francisco: “No se dejen impresionar por sus límites ni por su pobreza. Mediante su Espíritu, que habita en ustedes, Cristo les da el ser sal de la tierra. Dirijan su mirada hacia él para recibir lo que les pide. Viene para volver a dar al mundo su verdadero sabor y permitirle el descubrimiento de la belleza de la comunión con Dios y entre hermanos y hermanas” (Francisco, 29/12/2014).

Me pregunto entonces hoy: ¿Con mi presencia, con mis palabras, con mi acción… estoy siendo sal y luz para los demás?

Pidamos al Señor que ilumine nuestras vidas con el fuego del Espíritu de Pentecostés para que podamos irradiar su luz en medio de los hombres y hacer desaparecer las tinieblas de la ignorancia y del pecado.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

Artículo anteriorLAS BIENAVENTURANZAS – Reflexión del Obispo
Artículo siguienteLa plenitud de la ley – REFLEXIÓN DEL OBISPO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí