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MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA – REFLEXIÓN DEL OBISPO

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LUNES DESPUES DE PENTECOSTES

MEMORIA DE MARIA MADRE DE LA IGLESIA

 

“Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. (Jn 19,25-27)

Queridos hermanos y hermanas:

La Iglesia celebra el lunes después de Pentecostés la memoria de María Madre de la Iglesia.

Acabamos de escuchar el texto del Evangelio de San Juan tan conocido donde, desde la Cruz el Hijo de Dios nos entrega a María como Madre.  Es éste el pasaje del Evangelio que justifica el título de María Madre de la Iglesia, aquí personificada por el discípulo amado, Juan, a quien Jesús mismo confía a Nuestra Señora como hijo, para que sea regenerado a la vida divina como sólo ella puede hacerlo.

No es, pues, simple devoción mariana rezar a la Virgen con este título, sino obedecer la voluntad de Jesús, tal como nos la transmite la Escritura: Él, con las palabras que pronuncia a punto de morir, pide a María que cuide de cada hombre, pero también pide a cada hombre que se sienta vinculado por una relación filial con Su madre.

La devoción a María -como la devoción a la Cruz y a la Eucaristía- ha sido siempre un pilar fundamental de la fe, pero con la memoria de la “Virgen María, Madre de la Iglesia” establecida en 2018 para toda la Iglesia, el Papa Francisco quiso hacer más.

En primer lugar, consideró hasta qué punto la exaltación de esta devoción puede hacer bien a la Iglesia y puede aumentar el sentido materno en ella, pero de hecho ha puesto a María en el centro del dogma de la salvación.

Hasta ese punto considerada sobre todo en su relación con Cristo, la piedad mariana desciende en realidad directamente de la fe en la Santísima Trinidad. Puesto que el Señor quiso que ella, una mujer humana, fuera la Madre del Hijo de Dios, sólo a través de ella el hombre podrá acceder a la misericordia divina.

La maternidad de María comienza con la Anunciación: con su sí la Virgen permite al Señor entrar en la historia; y su maternidad, por voluntad divina, no termina al pie de la Cruz, sino que se eterniza con el objetivo de llevar la imagen del Hijo en los hombres y entre los hombres. Además, la encontramos Madre, esta vez de los primeros creyentes, los Apóstoles, en el Cenáculo, en espera de la venida del Espíritu: de ahí el vínculo de esta memoria con la solemnidad de Pentecostés que el Papa Francisco quiso subrayar.

Santa María Madre de la Iglesia ayúdanos a fiarnos plenamente de Jesús, a creer en su amor, sobre todo en este tiempo de pandemia y  en todos los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe está llamada a crecer y madurar, no nos dejes Madre nuestra, sino más bien déjanos seguros y confiados en el Corazón de Jesús.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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