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No estoy solo, el Padre está conmigo – REFLEXIÓN DEL OBISPO

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LUNES DE LA SEPTIMA SEMANA DE PASCUA

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     16, 29-33

 

Los discípulos le dijeron a Jesús: «Por fin hablas claro y sin parábolas. Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios.»

Jesús les respondió: «¿Ahora creen? Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo.

Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo.»

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

El tiempo que va desde la Ascensión a Pentecostés tiene que ayudarnos a vivir esta espera del Espíritu Santo prometido que realiza en nosotros plenamente el plan de salvación que el Padre ha llevado a cabo por la muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo.

Por eso las lecturas nos han de ir ayudando a entrar en esta espera que responde a ese mandato de Jesús a sus Apóstoles pidiendo que no se alejaran de Jerusalén y esperaran el cumplimiento de la Promesa del Padre.  La imagen de los Apóstoles reunidos en oración con la Virgen María en espera de esta promesa es una invitación a toda la Iglesia a revivir aquel primer Pentecostés con la misma disponibilidad orante.

En el Evangelio que acabamos de escuchar los discípulos comentan de manera entusiasta que ahora están alcanzando a comprender el mensaje de Jesús.  Olvidan que el mismo Señor les había dicho que sólo después de la resurrección comenzará una nueva era y que la comprensión de sus palabras tendría como maestro interior al Espíritu Santo.

Creen tener en sus manos el secreto de la Persona de Jesús y poseer una fe adulta en Dios.  Jesús tendrá que hacerles constatar, por el contrario, que su fe tendrá que ser reforzada porque vendrá el momento de la prueba y no podrán hacer frente a las pruebas que les esperan.  Son palabras que esconden cierta tristeza: predicen el abandono de sus mismos amigos que se escandalizarán de la muerte humillante que sufrirá su Maestro.

Con todo, Jesús nunca está solo.  Vive siempre en unidad con el Padre.  Por eso les dirige finalmente palabras de esperanza: Jesús ha vencido al mundo desarmándolo con el amor.

También nosotros estamos llamados a afirmarnos en esta seguridad que nos da la fe que nos hace abandonarnos enteramente en Dios.  También nosotros podemos experimentar que el Padre no nos deja solos sino que siempre está con nosotros.  Él es la roca en quien nos apoyamos, nuestro refugio y nuestra defensa.

Pidamos al Señor que ilumine las noches en las que a veces se ve sumergida nuestra vida, noches como esta que vive el mundo afectado por la pandemia y que en la oscuridad de la noche veamos brillar la luz de su presencia.  Que nos repitamos una y otra vez: “Yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo”.  Que lo repitamos interiormente hasta que se haga una convicción profunda y nada nos pueda turbar.  Que nos convenza de la certeza de su amor para que podamos testimoniarlo a los demás.  Que así sea.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel.

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