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Ascensión del Señor- REFLEXIÓN DEL OBISPO

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ASCENSION DEL SEÑOR

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron.

Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.»

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos este domingo la solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos.  La primera lectura que se lee hoy en la Misa está tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles donde San Lucas nos relata la ascensión de Jesús al cielo.  Y el Evangelio que acabamos de escuchar nos refiere la última escena con la cual concluye San Mateo su evangelio.  Es la aparición de Jesús resucitado a los once apóstoles.  Ellos han ido a Galilea tal cual Jesús lo había ordenado a las mujeres que fueron al sepulcro y recibieron ese mandato, primero de parte del Ángel que se les apareció en el sepulcro vacío y luego, de parte del mismo Resucitado al que encontraron de camino mientras iban a dar la buena noticia a los discípulos.

Termina el recorrido evangelizador de Jesús en Galilea, allí mismo donde había comenzado sus enseñanzas tres años atrás.  Comienza aquí también la misión de los Apóstoles que desde aquí deberán llevar su palabra de salvación hasta los confines de la tierra.  Jesús había dirigido su palabra primordialmente al pueblo elegido, ellos deberán llevarla a todos los pueblos.

Volviendo al texto evangélico que hemos leído vemos que hay dos actitudes diferentes entre los apóstoles: “Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron”.   Es decir, conviven todavía la adoración y la duda.  Aquí Jesús se presenta a los suyos como el hijo del hombre glorioso que, en virtud de su resurrección, sube a Dios y con plena autoridad, deja a los suyos el mandato de continuar su propia misión, “haciendo discípulos a todos los pueblos”.  Este discipulado se llevará a cabo mediante la inserción en la realidad viva de Dios –Padre, Hijo y Espíritu Santo – a través del bautismo y la observancia de todo lo que Jesús ha mandado.

Al comienzo de su evangelio Mateo nos presenta el nacimiento del Salvador, del Emmanuel que quiere decir “Dios con nosotros” y finaliza su evangelio con la partida de Cristo que no abandona a los suyos, sino que estará siempre con ellos hasta el fin de los tiempos; será compañero de camino de la humanidad hasta que ésta llegue a su meta gloriosa, en el seno de la Trinidad.

Nuestros corazones nos orientan hoy hacia el cielo, hacia donde Jesús ha llevado nuestra humanidad glorificada para siempre.  Él ha ido a prepararnos un lugar para que podamos estar para siempre con Dios.  No se ha alejado de nosotros, sino que sigue caminando con su Iglesia a impulsos del Espíritu mientras llevamos su Palabra y su Vida a todos los hombres de todos los tiempos.  Se ha quedado con nosotros, sobre todo en la Eucaristía, memorial de su Pasión muerte y resurrección, se ha quedado la comunidad de su Iglesia y en los pastores que la guían, se ha quedado en su Palabra de Vida y en los pobres con quienes Él se identifica.

Gocemos este domingo nuestro destino más allá de esta vida junto a Dios y busquemos a Cristo más acá, más cerca y cotidiano porque ya se han unido para siempre Dios y el hombre y el cielo con la tierra.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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