Inicio Diócesis Si persiguieron a Cristo, a los cristianos también. REFLEXIÓN DEL OBISPO

Si persiguieron a Cristo, a los cristianos también. REFLEXIÓN DEL OBISPO

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SABADO DE LA QUINTA SEMANA DE PASCUA

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     15, 18-21

Jesús dijo a sus discípulos:

«Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia.

Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.»

Palabra del Señor.

Queridos hermanos y hermanas:

En el texto que vamos a meditar hoy se pone de relieve la advertencia de Jesús dirigida a sus discípulos sobre el odio y el rechazo del mundo que tendrán enfrente.  Si la nota distintiva de la comunidad cristiana, de los discípulos de Jesús, es el amor tal como lo veníamos meditando estos días, ahora el Maestro presenta a los suyos lo que caracteriza al mundo que los rechaza: el odio.

El odio del mundo hacia la comunidad cristiana es una consecuencia lógica de una opción de vida: los que viven el evangelio no pertenecen al mundo y el mundo no puede aceptar a quienes se oponen a sus principios y opciones.  En cambio, los creyentes, por la opción de vida que hemos hecho por Cristo somos considerados como extraños y ajenos a este mundo y cuando no, enemigos.  Porque las obras del amor y del bien ponen al descubierto la maldad y la falsedad de este mundo en tanto cuanto no refleja el querer de Dios.

Esto ha sido motivo de grandes persecuciones ayer y hoy.  Por miles y millones se cuentan los cristianos de todos los tiempos, que fieles al Evangelio han preferido la muerte antes que abandonar o renegar del amor recibido de Dios.  Somos cristianos, otros cristos, que seguimos enfrentando la suerte que corrió nuestro Maestro quien fue el primero en adelantarse a dar testimonio de la verdad y de la verdadera vida.

La suerte del cristiano será idéntica a la de Cristo: si éste ha sido perseguido, también lo serán sus discípulos; si este fue escuchado también escucharán de nosotros la palabra de Vida.  Me gustaría terminar citando algunos párrafos de la Carta a Diogneto, un hermoso texto cristiano anónimo de finales del siglo II:

“Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.

Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el Cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen, y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad…”

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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