Inicio Diócesis Les dejo la paz, les doy mi paz. – REFLEXIÓN DEL OBISPO

Les dejo la paz, les doy mi paz. – REFLEXIÓN DEL OBISPO

459
0

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     14, 27-31a

Jesús dijo a sus discípulos:

«Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. í No se inquieten ni teman! Me han oído decir: “Me voy y volveré a ustedes.” Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.

Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.

Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado.»

Palabra de Dios.

Queridos hermanos y hermanas:

Este pasaje del Evangelio que meditamos hoy nos refiere estas palabras de Jesús que son palabras de despedida y de consuelo hacia sus discípulos, ya que se acerca el momento de dejarlos visiblemente y volver a la casa del Padre.

Al despedirse de los suyos, Jesús les desea la paz, que como hemos comentado otras veces, significa la plenitud de los bienes mesiánicos que Dios ofrece al hombre y que Jesús posee y quiere comunicar a los suyos.  En este consuelo que nos da la paz deben asentarse sus discípulos para disipar así el temor y la inquietud.

Por eso Jesús nos invita a la alegría.  Aunque sea comprensible la tristeza que experimentarán por el alejamiento del Señor y el miedo a quedarse solos, esa separación es un paso para alcanzar un bien mayor.  Jesús va al Padre, a la plenitud de su Gloria.  Y ese paso a la gloria debe hacerse necesariamente pasando por el escándalo de la cruz. Esta necesaria unidad de la cruz y la gloria futura es lo que deben comprender los suyos para sostenerse en la fe en el momento de la prueba.  Muerte y resurrección forman parte del mismo proyecto de Dios.

Nosotros también sufrimos incertidumbres e inquietudes.  El mundo entero está experimentando en este tiempo de pandemia el miedo y el terror de la muerte y de todas las consecuencias que trae aparejada esta situación excepcional para la vida de cada uno de los hombres.  Y en medio de esta turbación, Jesús nos ofrece su paz para que vivamos este tiempo con la certeza de su amor y de la victoria final del bien sobre el mal y de la vida sobre la muerte.

Dejemos que nuestro corazón descanse mucho más en Dios cada vez que sintamos el escalofrío del temor y de la inseguridad.  Que nuestra fe alcance toda la madurez necesaria para enfrentar el tiempo presente y mirarlo con los ojos llenos de cielo.  Y a la par nuestro corazón se dilate, sintiéndonos una sola familia con todos los hombres para estar prontos a socorrer con un amor atento a nuestro prójimo y remediar, en la medida de las posibilidades la tristeza y el dolor de nuestros semejantes.

Oremos juntos con una de las hermosas oraciones que la liturgia de la Iglesia pone en nuestros labios en este tiempo pascual: “Señor, tú que en la resurrección de Jesucristo nos has engendrado de nuevo para que renaciéramos a una vida eterna, fortifica la fe de tu pueblo y afianza su esperanza, a fin de que nunca dudemos que llegará a realizarse lo que nos tienes prometido”. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Artículo anteriorYo soy el Camino, la Verdad y la Vida – COMENTARIO DEL OBISPO
Artículo siguienteLa vida y los sarmientos – REFLEXIÓN DEL OBISPO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí