Inicio Diócesis Cada día, cada elección, configura mi respuesta a Dios. REFLEXIÓN DEL OBISPO

Cada día, cada elección, configura mi respuesta a Dios. REFLEXIÓN DEL OBISPO

499
0

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     12, 44-50

Jesús exclamó:

«El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió. Y el que me ve, ve al que me envió.

Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo.

El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó.»

Palabra del Señor.

 

Queridos hermanos y hermanas:

En el texto que acabamos de leer, Jesús dirige una llamada a todos sus discípulos, de modo que podamos orientarnos a una adhesión plena a su Palabra de Vida.  Al apoyarnos en Cristo, al creer en Él, en realidad, nos estamos apoyando en el Padre que lo ha enviado.  Y así como se da esa unidad y compenetración entre el Padre y el Hijo, así también nosotros entramos dentro de esa comunión y al creer en Cristo, creemos en el Padre; así como quien ve al Hijo, ve también al Padre.

Este “ver” no es la mirada de los ojos naturales, sino la mirada de la fe.  Es un mirar la realidad como la ve Dios, de modo que creer es participar de la ciencia y la sabiduría de Dios.  Y se cree viviendo la vida cristiana, la vida eterna que ya participamos desde este mundo por la fe.

Este “ver” es entrar en la luz, participando de la luz que dimana de Cristo, verdadera luz del mundo, que ha venido para que no quedemos sumergidos en las tinieblas de nuestra ignorancia y ceguera, sino para que entremos dentro de su mirada luminosa que nos hace participar de su luminosidad.

Así, el verdadero discípulo es el que cree, guarda en su corazón y pone en práctica las palabras de Jesús.  Por el contrario, el que no cree ni vive las exigencias del Evangelio incurre en el juicio de condena y en el último día será juzgado a la luz de la Palabra que no ha acogido.

La Palabra de Jesús siempre nos pone ante una elección.  De acuerdo a esa elección es que soy juzgado.  Hoy y en el futuro.  De ahí la importancia de mi respuesta confiada a su Palabra que, ya hoy va decidiendo mi futuro eterno.  Cada día, cada elección, configura mi respuesta a Dios, me hace creyente o incrédulo.  Por eso es que es tan importante que la fe se apodere totalmente de mi manera de pensar, de juzgar y de obrar. No podemos vivir desentendidos de la responsabilidad de dar una respuesta creyente en cada momento y en cada circunstancia de la vida.

Pidamos a Dios la gracia de que nuestra respuesta sea siempre “Si” a su propuesta amorosa de Vida y Salvación.   Y ante cada desafío de la vida, ante cada opción creyente que debamos realizar, preguntémonos siempre: ¿Qué haría Jesús en mi lugar, en esta situación? Eso nos ayudará a encontrar más fácil el camino a recorrer o la acción a realizar.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

Artículo anteriorCONOCER A CRISTO Y VIVIR LA FE – REFLEXIÓN DEL OBISPO
Artículo siguienteEL PAPA CONVOCA A UNIRSE EN ORACIÓN CON TODOS LOS HOMBRES POR EL FIN DE LA PANDEMIA

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí