Inicio Diócesis JESÚS BUEN PASTOR QUE DA LA VIDA – REFLEXIÓN DE NUESTRO OBISPO

JESÚS BUEN PASTOR QUE DA LA VIDA – REFLEXIÓN DE NUESTRO OBISPO

1241
0

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     10, 11-18

Jesús dijo:

      Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y la dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.

      Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí –como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre– y doy mi vida por las ovejas.

      Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.

      El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre».

 

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy tomamos para nuestra reflexión otro párrafo del capítulo 10 del Evangelio de San Juan, que continúa el que habíamos meditado ayer domingo, donde Jesús se distinguía de los malos pastores que abandonan y se aprovechan del rebaño y se definía como la puerta por la cual debemos pasar para hallar el camino que nos conduce al Padre.

Hoy prosigue definiéndose a Sí mismo como el “Buen Pastor” que da la vida por las ovejas.  Modelo de los verdaderos pastores que se mueven por el amor al rebaño en contraposición con los asalariados a los que no les importa las ovejas.  El asalariado cuando se acerca el peligro abandona al rebaño porque sólo le importa su propio interés y preservarse a sí mismo.  En cambio, el buen pastor, Jesús, cuida y alimenta su rebaño y llega hasta dar su vida por las ovejas, para que estas tengan vida en abundancia.

Además Jesús nos dice hoy que hay un mutuo conocimiento entre Él y sus ovejas. Hay comunión profunda como la hay entre Él y su Padre.  Y nosotros, sus ovejas, entramos en este ámbito de conocimiento y amor mutuo entre el Padre y el Hijo.  Y no sólo nosotros, sino que el interés de Jesús es que también se integren las ovejas que no son de nuestro corral para que haya un solo rebaño y un solo Pastor.  Resuena aquí la oración que hace la Iglesia siempre por la unidad de los cristianos, divididos hoy en muchas confesiones, para que primando la verdad y la caridad lleguemos a ser todos un solo rebaño visible para que el mundo crea.

Reconozcámonos cada uno de nosotros en este rebaño del Buen Pastor.  Y si de verdad queremos crecer en nuestra intimidad, en nuestra comunión con el Buen Pastor, entremos dentro de este misterio de Amor, viviendo cada día más en él.  Que la Palabra de Dios nos haga entrar cada día más dentro de nuestro corazón para hallar su voz que nos llama a gozar de su presencia, a revivir con su amor y a testimoniar ante los demás el gozo de su amistad. Así nos enseñaba San Agustín en este hermoso sermón:

Tú, hombre, debes reconocer que eras, donde estabas y a quien estabas sometido; eras una oveja perdida, estabas en un lugar desierto y árido, te alimentabas de espinas y malezas; estabas confiado a un asalariado, que, al llegar el lobo, no te protegía.  Ahora, en cambio, has sido buscado por el verdadero pastor, que por su amor te ha cargado sobre sus hombros, te ha llevado al redil que es la casa del Señor, la Iglesia…

Ese pastor no es como el asalariado bajo el que estabas cuando te afligía tu miseria y debías temer al lobo.  La medida del cuidado que tiene de ti el buen pastor te la proporciona el hecho que ha dado su vida por ti.  Se ofreció a Sí mismo al lobo que te amenazaba, dejándose matar por ti.  Ahora, por consiguiente, el rebaño está seguro en el redil… Cristo es el pastor y es la puerta y también el alimento y el que lo suministra.  Los pastos que el buen pastor ha preparado para ti y te ha puesto para apacentarte no son los prados de hierbas mezcladas, dulces y amargas, que ahora existen y mañana no, según las estaciones.  Tu pasto es la Palabra de Dios, y sus mandamientos son los dulces campos donde te apacienta” (Agustín, Sermón 366,3).

Que nos acompañe en este día la bendición del Buen Pastor:

+ Padre Obispo Daniel.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí