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MONS LOZANO CELEBRÓ LA MISA EN EL DÍA DEL TRABAJO

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MONS LOZANO ES MIEMBRO DE LA PASTORAL SOCIAL DEL EPISCOPADO.

Algunos tramos de la predicación en la Fiesta de San José Obrero*

1 de mayo 2020

 

A José, antes que por su santidad lo conocieron por su oficio. Y a Jesús, antes de llamarlo Mesías, se referían a Él como “el hijo del carpintero”, tal cual escuchábamos en el Evangelio de San Mateo. En la Biblia hay muchas menciones al trabajo, y ya desde las primeras páginas Dios le da un imperativo al hombre: “ganarás el pan con el sudor de tu frente” (Gn. 3, 19). San Marcos nos dice que Jesús mismo era reconocido por su trabajo de carpintero: “¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón?” (Mc. 6, 3), oficio aprendido de San José en el seno familiar. También es importante lo que enseña la carta de Santiago acerca del salario retenido a los trabajadores, injusticia que clama al cielo (St. 5, 4).

 

Tanto las doctrinas (y las prácticas) comunistas como las liberales han quitado del centro al ser humano, poniéndolo debajo del Estado unas y del Capital las otras. En estas disyuntivas decimos que entre el capital y el trabajo hay que procurar relaciones de complementariedad. Pero también debemos afirmar con San Juan Pablo II: “el principio de la prioridad del «trabajo» frente al «capital». Este principio se refiere directamente al proceso mismo de producción, con respecto al cual el trabajo es siempre una causa eficiente primaria, mientras el «capital», siendo el conjunto de los medios de producción, es sólo un instrumento o la causa instrumental. Este principio es una verdad evidente, que se deduce de toda la experiencia histórica del hombre”. (LE 14)

 

La sociedad no debe estructurarse en torno a que cierren los números aceptando de modo indolente la acumulación de riqueza en pocas manos, concentrada cada vez en menos bolsillos. Esto es una ofensa al plan de Dios. No podemos aceptar que siempre pierdan los pobres, y la riqueza siga blindada en pocos lugares del planeta. El Papa Francisco hace pocos meses en la Exhortación Apostólica “Querida Amazonia” denunciaba que “la disparidad de poder es enorme, los débiles no tienen recursos para defenderse, mientras el ganador sigue llevándoselo todo” (QA 13) y recordaba una enseñanza de San Pablo VI: “los pueblos pobres permanecen siempre pobres, y los ricos se hacen cada vez más ricos” (PP 57).

El 9 de julio del 2015, durante su viaje por Bolivia, Francisco tuvo un encuentro con Movimientos Populares de diversos países. En un pasaje de su discurso enseñó que: “La distribución justa de los frutos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantropía. Es un deber moral. Para los cristianos, la carga es aún más fuerte: es un mandamiento. Se trata de devolverles a los pobres y a los pueblos lo que les pertenece. El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la Doctrina Social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. La propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos. Y estas necesidades no se limitan al consumo. No basta con dejar caer algunas gotas cuando los pobres agitan esa copa que nunca derrama por sí sola. Los planes asistenciales que atienden ciertas urgencias sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras, coyunturales. Nunca podrían sustituir la verdadera inclusión: esa que da el trabajo digno, libre, creativo, participativo y solidario”.

 

Ante la crisis debida a la pandemia varios vaticinan que habrá un empobrecimiento global, y la pérdida de puestos de trabajo. Ya lo estamos notando. Hoy en nuestros barrios y ciudades lo vamos percibiendo. ¡Cuántas familias están cayendo bajo la línea de pobreza! Retroceder económicamente para algunos puede significar postergar un viaje o repensar una inversión. Para muchos es no contar con un salario digno que tiene como consecuencia no comer, no atender la salud, no acceder a una vivienda digna.

En este día debemos rezar por un mundo más justo y solidario; pero para alcanzarlo es imperioso recorrer caminos de conversión social, económica, política y ecológica. El cambio no será producto de la magia, sino del compromiso firme con la Justicia y la Solidaridad.

 

+ Jorge Eduardo Lozano

Arzobispo de San Juan de Cuyo

 

*Esta misa fue celebrada en la capilla del arzobispado de San Juan respetando la cuarentena obligatoria iniciada el 20 de marzo de 2020 en toda la Argentina ante la pandemia de coronavirus.

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