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REFLEXIÓN DEL OBISPO PARA EL MARTES 21 DE ABRIL

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+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     3, 7b-15

Jesús dijo a Nicodemo: «Ustedes tienen que renacer de lo alto.»

    «El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu.»

    « ¿Cómo es posible todo esto?», le volvió a preguntar Nicodemo.

    Jesús le respondió: « ¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.

    Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo?

    Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

    De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.»

Palabra del Señor.

 

Queridos hermanos y hermanas:

En el párrafo que leemos hoy de esta conversación de Jesús con Nicodemo, la mayor parte refiere las palabras de Jesús a su interlocutor, poniendo de relieve la importancia de la fe.  Hay ya una dificultad en aceptar la enseñanza de Jesús y cuánta más habrá, cuando el Señor refiera el sentido trascendente de su Persona, su realidad de Hijo eterno del Padre y el dinamismo de la encarnación y del Misterio Pascual que es la gran revelación del amor de Dios.

Los hombres deben aceptar en fe la revelación de Cristo, aunque ninguno de ellos hayan subido al cielo para captar los misterios celestiales, ya que sólo Él, que ha bajado del cielo, está en condiciones de anunciar la realidad del Espíritu y es el verdadero mediador entre Dios y los hombres.  Sólo Jesucristo es el lugar donde el hombre se encuentra con Dios.  Y esa revelación tendrá su cumplimiento en la cruz, cuando Jesús sea ensalzado en la gloria para que “todo el que crea en él tenga la vida eterna”.

Los hombres podemos entonces al mirar al Crucificado – levantado en alto, curar nuestra incredulidad y nuestro alejamiento de Dios, así como los judíos se curaron de las picaduras de las serpientes en el desierto al contemplar la serpiente de bronce que Moisés levantó en alto.  Mirando nosotros al Crucificado con actitud de fe somos salvados y creyendo recibimos la vida eterna.

Estamos invitados a nacer de nuevo, a creer en el Hijo crucificado y resucitado que nos revela el amor infinito de Dios por nosotros. Pongamos nuestra mirada en El para ser sanados de toda incredulidad, dejando que Él nos purifique y aumente nuestra fe. Y así tener Vida Eterna que podamos anunciarla a nuestros hermanos en este tiempo de pandemia, donde pareciera que sólo el pensamiento de la muerte quisiera acaparar nuestra consideración.

El Señor Resucitado y Misericordioso se sigue manifestando y regalando Vida Eterna en esta situación que vive el mundo.

Que como Nicodemo nos acerquemos a Ti, Señor, creyendo que puedes hacernos nacer de nuevo.  Aumenta nuestra fe, para que podamos verte, contemplarte y reconocerte en esta circunstancia tan especial por la que atravesamos y desde la cual te nos vuelves a revelar a nosotros y al mundo entero. Que así sea.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

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