Inicio Diócesis LA REFLEXIÓN DEL OBISPO PARA EL MARTES SANTO

LA REFLEXIÓN DEL OBISPO PARA EL MARTES SANTO

299
0

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     13, 21-33.36-38

Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente:

«Les aseguro que uno de ustedes me entregará.»

Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería.

Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale a quién se refiere.» El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?»

Jesús le respondió: «Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato.»

Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: «Realiza pronto lo que tienes que hacer.»

Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que hace falta para la fiesta», o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.

Después que Judas salió, Jesús dijo:

«Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado  y Dios ha sido glorificado en Él.

Si Dios ha sido glorificado en Él, también lo glorificará en sí mismo,  y lo hará muy pronto.

Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes.

Ustedes me buscarán, pero Yo les digo ahora   lo mismo que dije a los judíos:

“A donde Yo voy, ustedes no pueden venir”.»

Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?»

Jesús le respondió: «Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás.»

Pedro le preguntó: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti.»

Jesús le respondió: «¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Palabra del Señor.

 

Queridos hermanos y hermanas:

En este Martes Santo la lectura del Evangelio de Juan que toma la liturgia es conocida como “el anuncio de la traición de Judas y las negaciones de Pedro”. En efecto, Jesús, después del lavatorio de los pies y las primeras alusiones a la traición, declara abiertamente y profundamente conmovido: “Uno de ustedes me va a traicionar”.  Esto deja perplejos a los Apóstoles que tratan de identificar al traidor.

Jesús, con infinita delicadeza, mientras señala a Judas, el traidor, le ofrece un bocado de pan untado, signo de honor y de deferencia como última provocación de su amor.  Pero, como Judas rechaza definitivamente responder al amor de Jesús, la suerte del Señor está echada y Judas sale a cumplir su cometido.  “Era de noche” indica la noche de la mentira, del odio, del reino de Satanás.

Ahora que Judas ha salido a cumplir su cometido, el Hijo del hombre es glorificado.  Y Dios es glorificado en Él porque, en la entrega del Hijo a la cruz, manifiesta su amor sin límites a la humanidad.  La hora de la muerte y de la resurrección constituyen, juntas, la hora única de la Gloria, de la espléndida manifestación de Dios, que es amor.

En la miseria de Judas, en la flojera de Pedro y en el abandono posterior de los demás apóstoles encontramos reflejada nuestra propia realidad humana.  Sabemos que Jesús conoce – y nosotros también – la posibilidad de nuestra traición, de nuestra falta de compromiso con Él. ¡Tantas veces lo hemos abandonado o dejado de lado!  Y sin embargo, nos sigue estirando su mano e invitándonos a volver a su Amor.

En el silencio de este día se enciende una luz: vamos comprendiendo cada vez más el infinito amor de Dios por nosotros.  Y nos vamos conociendo más a nosotros mismos: para cada uno de nosotros que llevamos dentro las tinieblas de Judas, la fragilidad de Pedro y – esperemos – el amor de Juan, vuelve a ofrecerse el Señor invitándonos nuevamente a la intimidad de su Amor.

Gustemos hoy el hecho de que el Señor es el Amigo para siempre y no deja de atraernos, de llamarnos, aunque lo neguemos, Él permanece fiel y lo será para siempre porque no reniega de Sí mismo ni de nosotros, pobres pecadores.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

Artículo anteriorHOMILÍA DEL PAPA EL DOMINGO DE RAMOS
Artículo siguientePUBLICAN LOS HORARIOS DE LAS CELEBRACIONES PRESIDIDAS POR EL OBISPO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí