Inicio Diócesis REFLEXIÓN DEL OBISPO PARA ESTE 2 DE ABRIL

REFLEXIÓN DEL OBISPO PARA ESTE 2 DE ABRIL

227
0

2 de abril de 2020

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     8, 51-59

    Jesús dijo a los judíos:

    «Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás.»

    Los judíos le dijeron: «Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: “El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás.” ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?»

    Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman “nuestro Dios”, y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: “No lo conozco”, sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría.»

    Los judíos le dijeron: «Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?»

    Jesús respondió: «Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy.»

    Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.

Palabra del Señor.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos nuestro camino hacia la Pascua hacia el fin de esta cuaresma y en medio de esta cuarentena que estamos viviendo casi en todo el mundo.  Nuestra situación vital, existencial, se muestra cargada por la realidad de nuestra fragilidad, de la inconsistencia de nuestra existencia humana.  Como pocas veces y, por obra de la globalización, que hace que el mundo entero sea como una aldea, la humanidad siente miedo. Escuchábamos el viernes pasado esta descripción que hacía el Papa Francisco de este momento que vivimos:

“Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos”.

A esta sensación y a esta percepción responde hoy la Palabra de Dios con toda su fuerza para invitarnos a poner TODA nuestra confianza y TODA nuestra fe en el Señor.  Jesús comienza el diálogo con los judíos diciendo: «Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás.». Y hacia el final del diálogo: «Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy.».

Es una afirmación fuerte, un AMEN, pronunciado por Jesús diciéndonos que su Palabra es vida y da la vida a quien la recibe y la guarda.  Lo dice con toda la fuerza y la solemnidad de quien sabe que está poniendo la piedra basal para que asentemos nuestra fe en Él.  Lamentablemente, hacia el final del relato, la actitud de los judíos de tomar piedras para tirárselas, nos pone ante la triste evidencia de que la Palabra ha sido rechazada.

Jesús se declara el Hijo del único Padre verdadero, buscando sólo su Gloria.  El Padre es quien le hace hablar y actuar.  Y la correspondiente actitud del hombre debe ser el reconocimiento del Amor de Dios Padre que se nos revela en Jesús.  En Él nos apoyamos los creyentes para que, en medio de los avatares de nuestra vida, nuestra confianza permanezca firme e inalterable en el Señor.

Hablando de la eficacia de la oración en estos tiempos difíciles nos decía el Papa Francisco en uno de estos días en la homilía de la Misa: “Fe, perseverancia y valentía. En estos días en que es necesario rezar, rezar más, pensemos si rezamos de esta manera: con fe en que el Señor puede intervenir, con perseverancia y con valor. El Señor no decepciona, no decepciona. Nos hace esperar, se toma su tiempo, pero no nos decepciona. Fe, perseverancia y valor”.

Nosotros, que estamos afirmados aunque débiles siempre en la fe, aprovechemos este tiempo de gracia y salvación para renovar esa confianza inalterable en el Señor.  Y que ello nos mueva a la oración confiada con esperanza y valentía.

Con mi paternal bendición:

+ Padre Obispo Daniel

Artículo anteriorLA REFLEXIÓN DEL OBISPO PARA EL 1 DE ABRIL
Artículo siguienteREFLEXIÓN DEL OBISPO PARA EL 3 DE ABRIL

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí