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SE CLAUSURÓ EL MES DE MARÍA EN JUJUY

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CON UNA SOLEMNE CELEBRACIÓN EN LA CATEDRAL BASÍLICA, PRESIDIDA POR EL OBISPO DIOCESANO, MONS. DANIEL FERNÁNDEZ, SE CLAUSURÓ EL MES DE MARÍA EN JUJUY.

SE DIO ASÍ COMIENZO AL AÑO MARIANO DIOCESANO , PUESTO QUE EL 31 DE OCTUBRE DEL AÑO PRÓXIMO SE CUMPLIRÁN LOS 100 AÑOS DE LA CORONACIÓN PONTIFICIA DE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DEL ROSARIO DE RIO BLANCO Y PAYPAYA.

TAMBIÉN SE DESPIDIÓ SOLEMNEMENTE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DEL VALLE , QUE PARTIÓ HACIA SECLANTÁS, EN LA PRELATURA DE CAFAYATE, DESPUÉS DE HABER RECORRIDO DESDE EL 6 DE OCTUBRE LA DIÓCESIS DE JUJUY.

DURANTE EL AÑO MARIANO DIOCESANO SE PODRÁ GANAR LA INDULGENCIA PLENARIA VISITANDO EL CAMARÍN DE LA CATEDRAL, Y CUMPLIENDO LOS REQUISITOS QUE LA IGLESIA ESTABLECE PARA LUCRAR LAS INDULGENCIAS.

AQUÍ TRANSCRIBIMOS LA HOMILÍA DEL OBISPO:

31 de octubre de 2019

99° ANIVERSARIO DE LA CORONACIÓN PONTIFICIA

DE LA SAGRADA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE RIO BLANCO Y PAYPAYA

Queridos hermanos y hermanas. 

Estamos celebrando este 31 de octubre el 99° aniversario de la Coronación Pontificia de la Sagrada Imagen de nuestra Patrona, Nuestra Señora del Rosario de Rio Blanco y Paypaya, decretada por el Santo Padre Benedicto XV en consideración a “que se le tributa suntuosamente culto con gran piedad y religión, por los ciudadanos y pueblos vecinos por los innumerables prodigios y gracias que en el seno de sus devotos fieles, la piadosa Madre derrama y por la antigüedad de su devoción”.

Estamos, además, celebrando en homenaje a este acontecimiento un Año Mariano Jubilar Diocesano preparándonos a celebrar el próximo año el centenario de la coronación pontificia.  Y lo hacemos en consonancia del próximo Año Mariano Nacional que viviremos desde el 8 de diciembre para conmemorar los 400 años del hallazgo de la sagrada imagen de Nuestra Señora del Valle, en la gruta de Choya, Provincia de Catamarca. 

Por este motivo, tuvimos la visita que hoy culmina, de la Imagen peregrina de Nuestra Señora del Valle, que durante más de 20 días visitó muchas de nuestras comunidades en todo el territorio diocesano.  Hoy la despediremos con la gratitud por todo el bien que nos ha hecho y el amor que ha despertado en todos sus hijos que este Nor-Oeste Argentino la veneran y reconocen como Madre y Patrona.

María nos ha visitado y seguirá visitando en la Imagen de nuestra Patrona todos los rincones y todos los hogares de nuestra Diócesis durante todo el año jubilar.

Escuchando la lectura del Evangelio de San Lucas nos remontamos hacia aquella primera Visitación de María a su prima Santa Isabel. En el relato, san Lucas muestra cómo la gracia de la Encarnación, después de haber inundado a María, lleva salvación y alegría a la casa de Isabel. El Salvador de los hombres, oculto en el seno de su Madre, derrama el Espíritu Santo, manifestándose ya desde el comienzo de su venida al mundo.

El evangelista, describiendo la salida de María hacia Judea, usa el verbo que significa levantarse, ponerse en movimiento. Lucas, con esta expresión, quiere subrayar el impulso vigoroso que lleva a María, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a dar al mundo el Salvador.

El texto evangélico refiere, además, que María realiza el viaje «con prontitud» (Lc 1,39). También la expresión «a la región montañosa» (Lc 1,39), en el contexto lucano, es mucho más que una simple indicación topográfica, pues permite pensar en el mensajero de la buena nueva descrito en el libro de Isaías: «¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: “Ya reina tu Dios”!» (Is 52,7).

Así san Lucas parece invitar a ver en María a la primera evangelista, que difunde la buena nueva, comenzando los viajes misioneros del Hijo divino.

 La dirección del viaje de la Virgen Santísima es particularmente significativa: será de Galilea a Judea, como el camino misionero de Jesús (cf. Lc 9,51).  Con su visita a Isabel, María realiza el preludio de la misión de Jesús y, colaborando ya desde el comienzo de su maternidad en la obra redentora del Hijo, se transforma en el modelo de quienes en la Iglesia se ponen en camino para llevar la luz y la alegría de Cristo a los hombres de todos los lugares y de todos los tiempos.

Llegando a casa de Isabel, María irrumpe con la alegría de su fe pronta y disponible: «Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel» (Lc 1,40).

San Lucas refiere que «cuando oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno» (Lc 1,41). El saludo de María suscita en el hijo de Isabel un salto de gozo: la entrada de Jesús en la casa de Isabel, gracias a su Madre, transmite al profeta que nacerá la alegría que el Antiguo Testamento anuncia como signo de la presencia del Mesías.

Ante el saludo de María, también Isabel sintió la alegría mesiánica y «quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno”» (Lc 1,41-42).

En virtud de una iluminación superior, comprende la grandeza de María que es bendita entre las mujeres por el fruto de su seno, Jesús, el Mesías.

La exclamación de Isabel «con gran voz» manifiesta un verdadero entusiasmo religioso, que la plegaria del Avemaría sigue haciendo resonar en los labios de los creyentes, como cántico de alabanza de la Iglesia por las maravillas que hizo el Poderoso en la Madre de su Hijo.

Isabel, proclamándola «bendita entre las mujeres», indica la razón de la bienaventuranza de María en su fe: «¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45). La grandeza y la alegría de María tienen origen en el hecho de que ella es la que cree.

Isabel, con su exclamación llena de admiración, nos invita a apreciar todo lo que la presencia de la Virgen trae como don a la vida de cada creyente.

En la Visitación, la Virgen lleva a la madre del Bautista el Cristo, que derrama el Espíritu Santo. Las mismas palabras de Isabel expresan bien este papel de mediadora: «Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno» (Lc 1,44). La intervención de María, junto con el don del Espíritu Santo, produce como un preludio de Pentecostés, confirmando una cooperación que, habiendo empezado con la Encarnación, está destinada a manifestarse en toda la obra de la salvación divina.

          Por eso hoy, nosotros, como pueblo jujeño visitado por María le decimos como Isabel: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno”.  Gracias por visitar a este pueblo que desde sus orígenes sintió como Isabel la gracia de tu presencia y el valor del Hijo que llevas en tu seno. 

          Has venido a visitar a los pobres y a los humildes.  Vienes con tu humildad a ofrecernos la riqueza del Niño que traes en tus brazos.  Vienes a enriquecernos con la gracia de Dios que nos llena con el don de la fe, la esperanza y el amor. 

          Hoy queremos ofrecerte a este Jujuy como la tierra de una NUEVA VISITACIÓN. Porque contemplándote en el misterio de la VISITACIÓN, te descubrimos como portadora y mensajera de Cristo y a la luz de este misterio, queremos que Jujuy sea reconocida como tierra – que visitada por María – recibe de ELLA a Cristo.

Porque María protege cada rincón de Jujuy.

Es la mujer orante y trabajadora en Nazaret y también es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás “sin demora”.

“Que Jujuy se convierta en la tierra de la nueva VISITACIÓN”.

Que Jujuy prepare para MARIA “en cada hogar un Altar y en cada corazón un Trono”.

En medio del pueblo siempre está María. Ella reunió a los discípulos de su Hijo después de su Ascensión al cielo mientras esperaban el Espíritu Santo, y así hizo posible la explosión misionera que produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y a ella le pedimos que con el impulso del mismo Espíritu esta Iglesia de Jujuy pueda llegar en este año jubilar a cada hogar y al corazón de cada jujeño.-

María es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, Ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios.

María les quiere dar a nuestras familias la caricia de su consuelo maternal diciendo: “NO SE AFLIJA TU CORAZON, ¿NO ESTOY YO AQUÍ, QUE SOY TU MADRE?”

Entonces, queridos hermanos, recorramos este año jubilar con la prontitud de María, con el celo evangelizador de María, con el Espíritu santo que llenó el corazón de María en la Encarnación, en la Visitación y en Pentecostés, para ofrecer su cercanía a cada uno de nuestros hermanos jujeños.

Que así como nuestros padres y abuelos le ofrecieron en aquel 31 de octubre de 1920 una corona de oro para Ella y para su Hijo, en el centenario que se avecina podamos nosotros ofrecerle desde nuestra pobreza: EN CADA HOGAR UN ALTAR Y EN CADA CORAZÓN UN TRONO.

 QUE ASI SEA.

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