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SE INICIO LA SEMANA SOCIAL ORGANIZADA POR LA CEA

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SE DIO INICIO A LA SEMANA SOCIAL ORGANIZADA ANUALMENTE POR LA CEA.

PUBLICAMOS AQUÍ LA HOMILÍA DE MONS. OJEA, PRESIDENTE DEL EPISCOPADO.

Semana Social 2019
“Trabajo: Clave para el desarrollo humano integral”
Palabras de Monseñor Oscar V. Ojea
Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina

Tanto el Papa Francisco como el Documento de Aparecida usan mucho la palabra
pasión. La palabra viene del verbo latino “patior” que quiere decir padecer, sufrir.
De allí que cuando hablamos de la pasión de Cristo esta palabra alude en primer
lugar a la vulnerabilidad del hombre Jesús que la padece y también a su
paciencia. Paciencia tiene la misma raíz con la cual el Señor soporta su padecer.
Sin embrago, en el lenguaje corriente usamos la palabra pasión no solo porque
algo nos hace sufrir, sino también porque lo deseamos con el corazón, porque
tendemos hacia ese objeto con todo nuestro ser que incluye espíritu, inteligencia y
sensibilidad.
De allí que en el Nro. 268 de la Alegría del Evangelio el Papa dice “Para ser
evangelizadores de alma hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de
la vida de la gente hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo
superior. La misión es una pasión por Jesús pero al mismo tiempo una pasión por
su pueblo.”
Sin embargo es fácil para el dirigente social y para el político alejarse del pueblo. A
veces la presión de una elite, un malentendido profesionalismo o la tarea de
construir una imagen y de vivir para ella parecen como metas prioritarias. Todas
estas lejanías son captadas rápidamente por nuestro pueblo que muchas veces
mira a sus dirigentes muy lejos de su realidad.
En la misión del dirigente se necesitan hoy más que nunca tres pasiones: una
pasión por la Patria, una pasión por la justicia y la equidad y una pasión por el
encuentro y la paz de los argentinos.
a)
Una pasión por la Patria. Hoy hablamos poco de Patria. Se nos aparece como un
concepto antiguo referido a héroes del pasado. Preferimos hablar de País o de
Nación. Sin embargo, el término País alude a nuestra extensión geográfica, el
término Nación alude al consenso de ciudadanos que acatan una ley, una
Constitución. En cambio el concepto de Patria tiene que ver con la raíz, con la
pertenencia más profunda a una comunidad, tiene que ver con nuestra proximidad
al hermano, incluye la cercanía, el vínculo y la presencia.
La Patria es un don y una tarea, es lo heredado, lo recibido, lo que me mueve a
dar gracias. Lo que me han dejado mis padres. Incluye una historia común, una
lengua materna con todos sus matices expresivos y por supuesto, incluye
diferencias que están llamadas a complementarse. Pero al mismo tiempo la Patria
es una misión. Estamos llamados a transformar lo recibido y aquí encontramos
nuestra misión propia de dirigentes que debe tomarnos la vida y el corazón.
En la misma carta de la Alegría del Evangelio el Papa nos dice “La misión en el
corazón del Pueblo no es una parte de mi vida o un adorno que me puedo quitar,
no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo
arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra y para
eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a
fuego por esa misión. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el
político de alma. Esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los
demás”. Descubrir la misión de cada uno, lo que cada uno puede aportar al bien
común y nadie puede hacerlo en lugar de él es clave en este momento.
Si se mutila el país, la soberanía se puede recuperar, si se mutila la Nación, el
consenso se puede rehacer. Pero si quedamos huérfanos de Patria, nuestra vida
se desdibuja. No tiene identidad ni sentido. Se pierde en un individualismo triste y
opaco negado a la fraternidad.
Hago presente con ustedes estos versos de Leopoldo Marechal acerca de la
pasión por la Patria:
“La Patria es un dolor que nuestros ojos no aprenden a llorar
La Patria es una niña de pies desnudos
La Patria es un temor que ha despertado
La Patria es una hija y un miedo inevitable
Y un dolor que se lleva en el costado sin palabras ni gritos”
Es imprescindible recuperar esta pasión para poder afrontar el desafío que nos
presenta de este tiempo sumamente difícil y duro para los argentinos.
b)
Se requiere también una particular pasión por la justicia y por la equidad. El grado
de desigualdad social en que estamos sumergidos es muy grande y peligrosísimo
para nuestro futuro. Nos decía el Papa Francisco: “La palabra solidaridad está un
poco desgastada… supone crear una nueva mentalidad que piense en términos
de comunidad, de prioridad de vida de todos sobre la apropiación de los bienes
por parte de algunos. La solidaridad es una reacción espontánea de quien
reconoce la función social de la propiedad y el destino de los bienes como
realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se
justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común,
por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo
que le corresponde. Estas convicciones y hábitos de solidaridad cuando se hacen
carne, abren camino a otras transformaciones estructurales y las hacen posibles.”
(E.G. 188).
Las causas estructurales de la pobreza residen ante todo en la autonomía
absoluta de los mercados y de la especulación financiera. Esta autonomía está
defendida por ideologías que niegan el derecho de control de los Estados
encargados de velar por el bien común. Esto no significa condenar al capitalismo,
lo que la Iglesia rechaza es la absolutización ideológica del mercado, el que este
se convierta de medio en fin y que se lo propugne como autorregulado y aún como
regulador de toda la vida social.
Debemos acompañar el esfuerzo impresionante que está haciendo el Papa
Francisco como líder mundial, buscando establecer normas éticas en el sistema
financiero internacional. Acentuando la responsabilidad de los Estados Nacionales
para poner límites al poder de las empresas multinacionales. Un ejemplo plausible
de este pensamiento es la convocatoria a los economistas para el mes de marzo
en la ciudad de Asís, ciudad símbolo de encuentro y fraternidad, para buscar los
caminos de humanización de este sistema capitalista que vivimos para construir
una economía en función del hombre y no la de poner al hombre al servicio de la
economía.
El Santo Padre piensa que esto abrirá el camino para la creatividad de la acción
política a la que él siempre coloca por encima de la economía ya que ésta se
ocupa de los medios y la política de los fines. No podemos entregarnos con las
manos atadas a una economía que mata. Esta lucha debe llevarse adelante con
una auténtica pasión, llevando en nuestro corazón y en nuestra vida los rostros
concretos de los hermanos que sufren esta cultura del descarte en la que estamos
sumidos y que produce una gravísima inequidad entre nosotros pudiéndonos
llevar a odios, heridas y resentimientos difíciles de conciliar.
c)
La tercera pasión es la pasión por el encuentro de los argentinos y por la paz entre
los argentinos. Esta pasión incluye un desafío cultural y para poder enfrentarlo, es
indispensable crear espacios de pensamiento y de diálogo aún en este tiempo en
que lo inmediato parece ganarlo todo. Hoy más que nunca es imprescindible
detenerse a pensar. Mucho más cuando se ha desarrollado entre nosotros un
estilo de pensamiento emocional, lleno de prejuicios, poco flexible, muy cerrado.
Recurrimos continuamente palabras e imágenes que tomamos de los medios de
comunicación, y no le damos tiempo al pensamiento personal y profundo.
Un pensamiento auténtico necesita del diálogo para poder enriquecerse y hacerse
fuerte. De allí que me parece muy actual repensar las cualidades del diálogo que
proponía San Pablo VI en la Encíclica Ecclesiam Suam en el contexto de una
Iglesia experta en el dialogo porque participa continuamente del dialogo con Dios,
dialogo que se hace definitivo en la Encarnación, que es la instancia del diálogo
supremo entre Dios y el hombre. El Papa nos decía que el diálogo debe ser claro,
afable, confiado y prudente.
Claro: fiel a la identidad del pensamiento que lo expresa buscando ser inteligible
para el interlocutor y con la capacidad de revisar las formas y el lenguaje para ser
mejor interpretado por el otro.
Afable: debe ser cordial, es decir pasar por el corazón, evitando todo modo
violento. Muy lejos de ser hiriente y ofensivo. Sin expresarse con mandatos o
imposiciones. Debe ser paciente y generoso.
Confiado: la confianza debe estar puesta tanto en el valor de la propia palabra
para transformar al otro, cuanto en la capacidad personal de ser transformado y
enriquecido a través del pensamiento del otro. Es la confianza de ser escuchado y
comprendido.
Prudente: es decir teniendo en cuenta las condiciones psicológicas del
interlocutor y su edad.
Este diálogo se hace más imperioso aún por la crisis de nuestro vínculo con
nuestra casa común. Como nos enseña la Encíclica Laudato Si ella gime y grita
imitando el clamor de los pobres por el maltrato que recibe de nosotros. Son
temas que tenemos que pensar, dialogar y consensuar.
Son temas que vamos postergando indefinidamente siendo la crisis cada vez más
aguda. ¿Qué vamos a hacer con la contaminación sistemática de nuestras aguas?
Se acerca a pasos agigantados el drama del agua en el mundo. ¿Qué vamos a
hacer con nuestra Tierra que sufre el daño de los agrotóxicos con su consiguiente
cansancio? ¿Qué hacer frente a la tala indiscriminada de árboles y la
desertificación con sus consecuencias en los cambios climáticos? ¿Qué hacer
frente a las actividades extractivistas que llevan a estrujar hasta el límite y más allá
del límite a nuestra Madre Tierra a fin de poder succionarle lo más que se pueda?
Ante este panorama surge la necesidad de pensar y de dialogar de establecer
criterios comunes básicos para ponernos en camino hacia una ecología integral
que contemple tanto los derechos de todos a los bienes comunes, como el
indispensable cuidado de la naturaleza y de los ecosistemas.
El próximo Sínodo de la Amazonia trazara líneas fundamentales para la aplicación
de la Encíclica Laudato Si a nuestra realidad social y ecológica.
En esta hora tan difícil para el país, ya que en medio de un proceso electoral no
podemos descuidar nuestros problemas más urgentes: la alimentación,
especialmente la de los niños, el desempleo y la angustiosa situación económica,
temas que serán tratados en los paneles, la Iglesia argentina quiere estar al lado
de todos sus dirigentes sociales renovando su compromiso con esta historia
concreta y ayudando desde su tarea evangelizadora a crear y a desarrollar en
estos tiempos una verdadera pasión por la Patria, una pasión por la justicia y la
equidad y una pasión por el encuentro y la paz de todos los argentinos.
Mar del Plata, 28 de junio de 2019.

Oficina de Prensa
Conferencia Episcopal Argentina

 

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